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8 abril 2011 5 08 /04 /abril /2011 21:20

Tras la aparición de la teoría constructivista del aprendizaje en la primera mitad del siglo XX, con autores como Piaget o Vigotsky, poco a poco se fue extendiendo en el mundo de la enseñanza la concepción de que el aprendizaje no debía basarse tanto en la vía unidireccional del conocimiento profesor-alumno (teoría conductivista), sino en la importancia que los conocimientos previos tienen en el receptor a la hora de adquirir los nuevos. Así, se terminaría por afirmar que la información proporcionada al alumno debía ser significativa para éste (que objetivamente le interesara), de modo que a partir de sus conocimientos previos, y con esos datos nuevos vinculados a su realidad, fuera capaz de construir los nuevos conceptos: fue Ausubel el que mejor definió esta teoría en la década de los 60 del siglo XX.

Pero todas estas consideraciones, desgraciadamente, terminaron desembocando en la creencia general, adoptada incluso por altas esferas pedagógicas, de que el aprendizaje de contenidos debía estar subordinado a la necesidad de que el niño no experimentara la frustración en sus estudios, sino que aprendiera suavemente, sin sobresaltos, sin esfuerzos exagerados, fuera a sufrir daños irreparables. Por tanto, los contenidos han ido reduciéndose tanto que los alumnos pasar se lo pasan muy bien, pero aprender… poca cosa.

Y ya hace bastante tiempo que este bajísimo nivel educativo hizo acto de presencia en la Universidad; las nuevas generaciones que han ido llegando a los estudios superiores, y que posiblemente serán los futuros prohombres y gobernantes de la nación, lo han hecho con un bagaje cultural pésimo, que dificulta su aprendizaje. Si no atajamos el problema de forma acelerada, nos veremos en una situación aún más complicada que la actual, lo que no es poca cosa. Cree Pío Moa que una de las raíces de la decadencia española que apareció en el siglo XVII fue la crisis de la enseñanza superior. Dicen de la Historia que es bueno conocerla para no cometer los mismos errores que en el pasado; y la decadencia la tenemos ya en nuestros días, por lo que actuemos para no llegar a algo aún peor. Aquí la Iglesia, como en todos los aspectos de la vida, tiene mucho que decir, por su labor educativa, que se retrotrae bastantes siglos atrás. Que se lo pregunten si no a san Agustín, que en su Tratado Catequístico ya nos señaló aspectos que modernamente se atribuyen a teorías como la constructivista: importancia de situarse al nivel del alumno, etc. Pero la diferencia radica en que la Iglesia nunca ha olvidado el valor del esfuerzo...

Mal panorama, pero nunca perdamos la esperanza: si nos reconocemos como obra de Dios, llegaremos a buen fin, como todo lo que sale de su mano.

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Published by J.L.R.P. - en VARIOS
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Comentarios

Farmacia 04/26/2011 19:51



Hacia tiempo que no leia nada similar, creo que tienes un punto de vista muy parecido al mi, y eso me parece muy pero que muy interesante.



J.L.R.P. 04/26/2011 22:17



 ¡Me alegra que coincidamos en nuestros pareceres, Farmacia! Un abrazo y que Dios te bendiga.



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