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25 febrero 2012 6 25 /02 /febrero /2012 19:01

      Pasemos a analizar hoy los errores doctrinales acerca de la Eucaristía que mantuvieron (y mantienen los que siguen existiendo) los movimientos reformadores surgidos en el siglo XVI. Nos centraremos en este artículo en lo concerniente a la presencia real y al modo en que ésta se hace presente, para pasar en el siguiente artículo a ver los aspectos heréticos de la Reforma en lo referente a otros puntos de la Eucaristía: su carácter de memorial o de sacrificio, etc.

      Examinemos primero el pensamiento del principal y más influyente de los reformadores, Marin Lutero:

      Como el padre Sayés indica en su obra El Misterio Eucarístico, Lutero creía erróneamente que el concepto de Transubstanciación era un invento de Santo Tomás, apoyado en la filosofía de Aristóteles. Por tanto, él abogaba por la Consubstanciación: es decir, el Cuerpo y la Sangre de Cristo estaban verdaderamente presente (Lutero nunca dudó de la presencia real), pero no por ello dejaban de existir el pan y el vino. Como vimos en el artículo anterior, está claro el error de Lutero, ya que aunque el término Transubstanciación no se "oficializó" hasta el IV Concilio de Letrán en 1215, el significado del mismo (cambio de la sustancia) ya existía de mucho antes del uso de la filosofía hilemórfica de Aristóteles con los escolásticos (como dijimos en el anterior artículo, ya San Ambrosio en el siglo IV comentaba: Antes de la bendición de las celestiales palabras, otra es la sustancia que se nombra; después de la consagración se significa el cuerpo; luego lo afirmaron Fausto de Riez en su homilía Magnitudo (siglo V), el abad de Corbie Pascasio (siglo IX) en su obra LIber de corpore et sanguine Christi, y Fulberto de Chartres, Lanfranco y Guitmundo de Aversa, oponiéndose los tres a la herejía de Berengario de Tours (siglo XI), y consituyendo los antecedentes del Sínodo Romano de 1079: (...) el pan y el vino que están en el altar, por el misterio de la oración sagrada y las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne de nuestro Señor Jesucristo (...). Y por fin, el futuro Inocencio III, antes de ocupar el solio pontificio, y muy poquito antes del IV Concilio de Letrán (1215), usa la expresión transustancia (ni se añade nada al cuerpo, sino que se transustancia en el cuerpo).

       Hay que decir también que ya antes de Lutero, con la filosofía nominalista de Guillermo de Ockham (1285-1349) o Pedro de Ailly, o con autores como el Beato Duns Escoto (1266-1308), se  había defendido este error doctrinal de la Consusbstanciación.

      Muchos de los lectores de este humilde blog pensarán que qué más da decir que Cristo está verdaderamente presente en el Sacramento cambiando la sustancia del pan y del vino por la del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Transubstanciación), o que lo esté por la coexistencia de las substancia del pan y del vino con la del Cuerpo y la Sangre. La importancia en mayor de lo que a priori pueda notarse, porque si queremos ser fieles a la Palabra de Cristo, revelada en los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, y en la Primera Carta a los Corintios de San Pablo, que nos dijo esto es mi cuerpo, esta es mi sangre (sin olvidar las pequeñas diferencias existentes entre los cuatro relatos), no serían auténticamente puestas en práctica sin consideráramos que detrás de las especies del pan y del vino sigue existiendo su substancia; al contrario, debemos afirmar que ahí encontramos ya sólo la substancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque se guarden los accidentes del pan y del vino: se ha dado una auténtica conversión.

      

     Calvino, por su parte, criticaba tanto la Transubstanciación como la Consubstanciación: si Cristo residía en el Cielo tras la Resurrección, no podía al mismo tiempo estar presente materialmente en el mundo. Pero a pesar de esto, siempre intentó mantener una postura intermedia, en la que ni optaba por la presencia real, ni por el mero simbolismo vacío. José Antonio Sayés expresa esta ambigua posición recordando las palabras del investigador Baciocchi:

El Cuerpo de Cristo no está materialmente ligado al pan; pero, al comer éste con fe, se recibe aquél en alimento. La acción material es signo e instrumento de un don espiritual.

 

     El tercer gran reformador, Zuinglio, abogó por una mera interpretación simbólica de las palabras instituyentes de Cristo. Para él, el es de los cuatro relatos vendría a significar tan sólo "representa" o "significa". Quede claro que esta interpretación de Zuinglio resulta muy difícil de defender tras un análisis exhaustivo del Nuevo Testamento.

 

     Ex cursus:

     En un artículo escrito hace unos meses acerca de los argumentos que claramente indicaban el significado de presencia real de los cuatro relatos de la institución de la Eucaristía, comenté que los protestantes no creían en la presencia real. Me equivoqué, ya que el contacto que tuve fue con cierto grupo que la negaba; pero no es la interpretación general. ¡Mea culpa! Perdonad todos, queridos lectores.

      

     ¡Adorado sea el Santísimo Sacramento del Altar! ¡Dios nos aumente nuestra fe en su presencia real!

 

Fuentes:

Sayés, José Antonio; El Misterio Eucarístico; Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1986.

 

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