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17 junio 2011 5 17 /06 /junio /2011 22:57

       Siguiendo con el filósofo y sacerdote decimonónico Jaime Balmes, veamos un fragmento de su obra El Criterio, en el que, con su caracterísitico estilo prístino pero no exento de belleza, desmonta a los que querían y quieren ver en los milagros narrados por los Evangelios hechos racionales que en aquella época aún no podían ser comprendidos por los hombres.

 

       De estas observaciones surge al parecer una dificultad que no han olvidado los incrédulos. Hela aquí: los milagros son tal vez efectos de causas que, por ser desconocidas, no dejarán de ser naturales; luego no prueban la intervención divina, y, por tanto, de nada sirven para apoyar la verdad de la religión cristiana. Este argumento es tan especioso como futil.

       Un hombre de humilde nacimiento, que no ha aprendido las letrs en ninguna escuela, que vive confundido entre el pueblo, que carece de todos los medios humanos, que no tiene donde reclinar su cabeza, se presenta en público enseñando una doctrina tan nueva como sublime; se le piden los títulos de su misión y él los ofrece muy sencillos. Habla, y los ciegos ven, los sordos oyen, la lengua de los mudos se desata, los paralíticos andan, las enfermedades más rebeldes desaparecen de repente, los que acaban de expirar vuelven a la vida, los que son llevados al sepulcro se levantan del ataud, los que, enterrados de algunos días, despiden ya mal olor, se alzan envueltos en su mortaja y salen de su tumba, obedientes a la voz que les ha mandado salir afuera. Éste es el conjunto histórico. El más obstinado naturalista, ¿se enmpeñaría en descubrir aquí la acción de leyes naturales ocultas? ¿Calificaría de imprudentes a los cristianos por haber pensado que semejantes prodigios no pudieran hacerse sin intervención divina? ¿Creéis que con el tiempo haya de descubrirse un secreto para resucitar a los muertos, y no como quiera, sino haciéndolos levantar a la simple voz de un hombre que los llame? La operación de las cataratas, ¿tiene algo que ver con el restituir de golpe la vista a un ciego de nacimiento? Los procedimientos para volver la acción a un miembro paralizado, ¿se asemejan, por ventura, a este otro: "Levántate, toma tu lecho y veta a tu casa"? Las teorías hidrostáticas e hidráulicas, ¿llegarán nunca a a encontrar en la mera palabra de un hombre la fuerza bastante para sosegar de repente el mar alborotado y hacer que las olar se tiendan mansas bajo sus pies y que camine sobre ellas, como un monarca sobre plateadas alfombras?

     ¿Y qué diremos si a tan imponente testimonio se reúnen las profecías cumplidas, la santidad de una vida sin tacha, la elevación de su doctrina, la pureza de la moral y, por fin, el heroico sacrificio de morir entre tormentos y afrentas, sosteniendo y publicando la misma enseñanza, con la serenidad en la frente, la dulzura en los labios, articulando en los últimos suspiros amor y perdón?

     No se nos hable, pues, de leyes ocultas, de imposibilidades aparentes; no se aponga a tan convincente evidencia un necio "¿quién sabe?..." Esta dificultad, que sería razonable si se tratara de un suceso aislado, envuelto en alguna obscuridad, sujeto a mil combinaciones diferentes, cuando se la objeta contra el cristianismo es no sólo infundada, sino hasta contraria al sentido común.

 

     Y es que los milagros de Jesús presentan una originalidad única, con caractarísticas muy diferentes, por ejemplo, a las de los milagros helénicos ocurridos en sus templos y santuarios. ¡Nuestra fe se basa en razones!

 

Fuentes:

Balmes, Jaime, El Criterio, Espasa Calpe, Madrid, 1968.

      

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Published by J.L.R.P. - en VARIOS
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