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11 septiembre 2012 2 11 /09 /septiembre /2012 01:17

    Sobre el tribunal de la Inquisición se han escrito ríos de tinta, con dos objetivos claros. Por un lado, fue uno de los caballos de batalla de la famosa leyenda negra que los enemigos del poderío español fabricaron contra nuestra nación hace ya siglos, cuando señoreábamos por Europa y el mundo entero. Por el otro, la crítica a la actividad de la Inquisición.

    Lo que no saben muchos es que, independientemente del mal intrínseco que conllevaba la Inquisición, ésta fue una institución (nos referimos ahora no a la Inquisición medieval, sino a la de la Edad Moderna, más concretamente a la española, fundada en el último cuarto del siglo XV por parte de los Reyes Católicos, con el fin de supervisar si la conversión de los judíos era auténtica o no) que supuso un avance en su tiempo, tanto en lo referente a las garantías jurídicas de los procesos que se llevaban a cabo, como en las penas que se ejecutaban.

     Como historiador que soy, me veo obligado a remarcar algo que por desgracia es error común entre los ávidos críticos de la Iglesia Católica. Hablo de aquello de juzgar el pasado con los parámetros del presente. Mucho ojo: en ningún momento estoy diciendo que objetivamente las condenas que llevó a cabo la Inquisición en casos de herejías, penas de muerte (en sus diferentes variantes), humillaciones públicas (los famosos sambenitos) por motivos religiosos no constituyeran un mal, un pecado, al fin y al cabo. Toda actitud que merma la libertad religiosa de los hombres no puede calificarse de otro modo que no sea el de una mala acción. Pero lo que no se puede hacer es, repito, juzgar aquellos tiempos sin ponernos los zapatos de sus coetáneos, sin situarnos en la mentalidad de aquel tiempo.
     Otro aspecto importante a tratar es el del número de víctimas causadas por la Inquisición (volvemos a referirnos a la Inquisición moderna) en comparación con otras represiones producidas en diferentes países europeos; represiones éstas que nada tuvieron que ver con la institución de la Inquisición, ya fueran territorios católicos, ya fueran protestantes. Resultará esclarecedor echar un vistazo a la siguiente tabla estadística, que resume el número de supuestas "brujas" ajusticiadas durante el final de la Edad Media (éstas aún anteriores a la aparición de la Inquisición postmedieval) y a lo largo la Edad Moderna, hasta el año 1700 aproximadamente. Son cifras proporcionadas por la investigadora Gloria A. Franco Rubio, y que no dejarán indiferentes a nadie:

 

 

PAÍS

Nº. DE VÍCTIMAS

POBLACIÓN TOTAL (MILLONES)

AUSTRIA

5000-7500

4.3

DINAMARCA

1000

0.58

INGLATERRA Y GALES

500-1000

4.4

FINLANDIA

100+

0.3-0.4

FRANCO CONDADO

300

0.4

TERRITORIOS ALEMANES

15.000-20.000

16.0

HUNGRÍA

800+

3.0-3.5

ITALIA

200

13.1

LORENA

3000

0.4

LUXEMBURGO

350+

0.25

P.UNIDAS

150

1.5

PAÍSES BAJOS SUR

250

1.6

NORUEGA

350+

0.44

POLONIA

5000

3.4

PORTUGAL

6

1.1

RUSIA

200+

12.0

ESCOCIA

1337+

0.8

ESPAÑA

200-300

6.6-8.1

SUECIA

300

1.0

SUIZA

6000-10000

1.0

 

       Como vemos, no fue ni mucho menos menor la caza de brujas en los países que recibieron un fuerte influjo de la Reforma. Por otra parte, y esto es muy importante, en los países en los la Inquisición estaba vigente, esta represión fue bastante más liviana: España, Italia, y Portugal; el dato aún cobra más significación si tenemos en cuenta que tanto nuestra nación como el territorio transalpino tenían un alto número de habitantes (entre 6.6-8.1 España, y 13.1 Italia), por lo que la proporción es aún menor. Y en Portugal, tan sólo 6 víctimas. Espeluznantes son en cambio las cifras de Alemania, Austria y Suiza, países en los que la Inquisición no existía.    

       ¿Y por qué ocurría esta cosa tan rara? ¡Menos "brujas" muertas en los países en que la Inquisición campaba a sus anchas! ¡¿Pero cómo es posible que en las oscurantistas naciones católicas que daban cobijo a semejante invento represor -la Inquisición- se mataran a menos mujeres -y a veces hombres- acusadas de hechicería y brujería?! Pues muy sencillo; pese a quien le pese, la Inquisición era muy estricta en sus procedimientos judiciales, y no llevaba a la muerte a ningún cristiano -no hay que olvidar que la Inquisición sólo tenía potestad sobre los bautizados- por simples rumores o supersticiones. Existe un caso, en la España de principios del siglo XVII, que resulta paradigmático. A raíz de una durísima represión surgida contra "brujas" en la región vascofrancesa de Lapurdi, a manos del juez Pierre de Lancre, muchos de estos acusados atravesaron la frontera con España, y se asentaron en la zona del pirineo vasco-navarro. Entonces, empezaron a correr rumores sobre la existencia de brujería en aquellas tierras. Estuvo a punto de cometerse una auténtica atrocidad. La Inquisición se hizo cargo del asunto en 1609, y en un principio fue partidaria de atacar de raíz lo que creían que era un flagrante caso de brujería, aunque eso sí, después de un minucioso estudio, como era común en los procesos inquisitoriales. Pero cuando el inquisidor, religioso y jurista Alonso de Salazar cogió las riendas del asunto, llevó a cabo una investigación que dejó a la luz que lo que a primera vista parecía un auténtico fenómeno brujeril, no era más que una mezcla de superstición, antiguas prácticas populares paganas, remedios medicinales tradicionales, y mucha histeria colectiva.                         

        Me gustaría terminar este post sobre la Inquisición reproduciendo aquí las palabras de la historiadora Rocío García Bourrellier, profesora de Historia Moderna de la Universidad de Navarra:                                                                                                                                     

     Los especialistas en Inquisición hispánica, tanto españoles como extranjeros, aluden a un elemento que según ellos marcó la diferencia entre tribunales católicos y protestantes: el Santo Oficio, en las diferentes fases del proceso (audiencia, interrogatorio, exhortación), buscaba la conversión del preso, de manera que, cuando éste reconocía su "desvarío", se le imponían penas canónicas o corporales y era liberado, si bien cargaría toda su vida con el sambenito (del "saco bendito"o arpillera con que se vestían los procesados) de haber sido sospechoso de herejía.               

      Por el contrario, los tribunales reformados buscaban el exterminio de cualquier oposición a la correspondiente fe (luterana, calvinista, anglicana...); de ahí que los procesos judiciales no se desarrollasen como los civiles, sino con una toma rápida de decisión que suponía casi siempre la hoguera.  

    La Historia, nos guste más o menos, es la que es, y siempre hay que ser fiel a su testimonio, sacando a la luz la verdad, sea ésta la que sea. A veces la Iglesia deberá reconocer que se equivocó -y así lo hace-, faltaría más, pero como intento mostrar en este blog sencillo, el análisis histórico honesto y concienzudo suele ser bastante generoso con la Esposa de Cristo.

        ¡Amemos a nuestra Madre la Iglesia!

 

Fuentes:

  • Esparza, José Javier; Esolen, Anthony; Guía políticamente incorrecta de la Civilización Occidental; Ciudadela Libros, Madrid, 2009.
  • García Bourrellier, Rocío; La Leyenda Negra y la Inquisición. ¡Menudo sambenito!, en Muy Historia, nº. 46; 2013, G y J España Ediciones.

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Published by J.L.R.P. - en VARIOS
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Comentarios

Reinerio Ramirez Pereira 01/02/2013 16:37


interesante

J.L.R.P. 01/02/2013 20:58



¡Gracias Reinerio! Espero que te haya sido de utilidad. ¡Un abrazote y que Dios te bendiga! Ahh, ¡y feliz Navidad y próspero año nuevo!



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