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11 abril 2013 4 11 /04 /abril /2013 01:29

          Existe una preciosa leyenda que entronca con el tema de la Sábana Santa (aunque el asunto de la Síndone deberemos dejarlo para otro artículo, con el permiso de vosotros, queridos lectores), y es la de la supuesta correspondencia entre Abgar, Rey de Edesa, y Nuestro Señor Jesucristo. 

             Siguiendo el trabajo de Mark Guscin (licenciado en Filología Clásica y con un Máster en Latín Medieval, además de ser miembro del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología -EDICES-), podemos decir que la leyenda ya existía con seguridad en los siglos III y IV. En resumidas cuentas, la historia sería la siguiente: el rey Abgar de Edesa, teniendo noticias acerca de Cristo, le envía una carta pidiéndole que visite su tierra para curarle una enfermedad de la piel, ofreciéndole a cambio protección frente a los judíos que querían verlo muerto. A su vez, Cristo le contesta con otra carta, en la que le comunica que no puede acudir a Edesa, debido a que tiene que cumplir su misión, pero que enviará a un discípulo para sanarlo. Como hemos dicho, la leyenda es antiquísima y sabemos que ya existía en los siglos III y IV; posteriormente, cuando la llamada Imagen de Edesa aparece (que posiblemente sea la mismísima Sábana Santa, pero eso, como mencioné anteriormente, es otra historia) en el siglo VI, se introduce en la narración la siguiente novedad: la curación se realizaría mediante dicha Imagen, que sería trasladada desde Tierra Santa a Edesa. 

           Sabemos que ciertamente hubo un Rey en Edesa en aqueños años, que gobernó más concretamente entre el 4 a.C.-7 d.C., y posteriormente entre el 13 y el 50 d.C. Al parecer, tenía el sobrenombre de Ukkama o Uchama, que viene a significar "el Negro", probablemente por alusión a la enfermedad de piel que presentaba. También es un hecho cierto que a finales del siglo II el Cristianismo ya había aparecido en Edesa. Todo los demás datos presentados por la leyenda son de escasa credibilidad, por muy bellos que nos puedan parecer.

           Siguiendo a Mark Guscin, podemos afirmar que el historiador cristiano Eusebio de Cesarea, que vivió a caballo entre los siglos III y IV, menciona la historia de Abgar, e incluso no ofrece un fragmento de la carta del Rey de Edesa a Jesús, el cual aquí presento: 

           Abgar Uchama a Jesús, que ha aparecido como salvador en la región de Jerusalén -saludos. Me he enterado de ti y de tus curaciones, que efectúas sin drogas ni hierbas. Si lo que oigo es cierto, haces que los ciegos recuperen la vista, que los cojos anden bien, curas a los leprosos, expulsas a los demonios y a los espíritus inmundos, curas a los que sufren enfermedades crónicas y dolorosas y resucitas a los muertos. Cuando me enteré de todo eso, llegué a la conclusión de que o bien eres Dios que ha bajado del cielo para hacer estas cosas, o bien eres el hijo de Dios que las hace. Por lo tanto te escribo para rogarte que vengas, sea como sea, para curar mi enfermedad. Entiendo también que los judíos te menosprecian y desean hacerte daño; mi ciudad es pequeña, pero muy respetada, adecuada para ambos.

            Y sigue contándonos Guscin que según la leyenda, Jesucristo contestó a su vez a Abgar con las siguientes palabras: 

            Bendito seas, que has creído en mí sin haberme visto. Está escrito que los que me hayan visto no creerán en mí pero los que no me hayan visto creerán y vivirán. En cuanto a tu petición de ir a ti, tengo que completar mi misión aquí y al completarla debo enseguida volver al que me envió. Cuando suceda esto, te enviaré uno de mis discípulos para curar tu enfermedad y llevar la vida tanto a ti como a los tuyos.

           Por su parte, la monja hispana Egeria, que peregrinó a Tierra Santa a fines del siglo IV, nos cuenta en su diario conservado parcialmente, que visitó Edesa y la obsequiaron con una copia de las cartas, reconociendo que aquella versión era más extensa que la conocida en su tierra. De aquí se deduce, por tanto, que existían ya por aquel entonces varias versiones del texto de las cartas.

           Nótese también, que ninguno de los dos autores, ni Eusebio ni Egeria, mencionan la Imagen de Edesa.

               

           ¡Bendito sea Cristo Nuestro Señor, que padeció por nosotros para sanarnos!   

 


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