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26 diciembre 2010 7 26 /12 /diciembre /2010 20:48

        Además de celebrar hoy día 26 de diciembre la fiesta de la Sagrada Familia, por ser el primer domingo después de la Navidad, también tenemos el día de San Esteban, el primer mártir del Cristianismo, y uno de los siete diáconos que los apóstoles nombraron. Aunque en algunos puntos del orbe no nos lo parezca, el día de San Esteban, 26 de diciembre, lleva siglos siendo un punto importante en el transcurso de la Navidad, sobre todo en Reino Unido y otros países de tradición inglesa, además de algún otro sitio como Cataluña (España), donde el día es fiesta. En los países de influencia británica es un día dedicado a la caridad; no olvidemos que los diáconos fueron elegidos para ocuparse del ejercicio de la caridad en la Iglesia primitiva. Ya desde la Edad Media, en el Boxing Day ("Día de la Cajas"), como ellos lo llaman, las Iglesias abrían sus cajas o cepillos para entregar el dinero a los más necesitados. Independientemente de la cristianización de fiestas y elementos paganos tales como las saturnalias (celebradas en el Imperio Romano por estas fechas, en las que también se realizaban regalos...), la Navidad es tiempo de amor, de caridad, y de paz. Como nos recordó en su día Benedicto XVI, en medio de un mundo violento, nada más y nada menos que el Creador del Mundo nace en un pesebre, lejos de todo boato, por puro amor; Dios, que es Amor, se da al hombre para enseñarle el camino a seguir, el camino de la entrega a los demás. En este contexto, el día de San Esteban adquiere un profundo sentido navideño. Ciertamente, a todos en estas épocas nos embarga un sentimiento de caridad hacia el prójimo, sobre todo hacia los más necesitados. ¿Pero nos quedamos en eso, sin extender este espíritu al resto del año? La Navidad debe ser una "recarga de nuestras pilas" de la esperanza, del amor a nuestros hermanos, en especial a los más pobres (en todos los sentidos) que debe durar el resto del año. Fíjemonos en San Francisco de Asís, tan amante de estas fiestas, y que dedicó su vida a entregarse a los demás ¡Que la contemplación del Niño Dios en el pesebre nos impregne de su infinito amor!

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Comentarios

susana 01/14/2011 15:52



Tienes razón. Creo que a eso se refería Jesús cuando dijo que estaría con nosotros, Su Iglesia, hasta el final de los tiempos. Muriendo El, la gran semilla de Dios, por supuesto que comenzaría la
evangelización. Mientras exista un católico fiel en el mundo, Jesús estará con nosotros, pues ese católico fiel transmitirá a Jesús, lo hará visible a los demás.



J.L.R.P. 01/14/2011 15:56



Sí, todos tenemos una misión que cumplir, un camino señalado por Nuestro Señor, sea más grande o más pequeño, más llamativo o más imperceptible... En verdad, todos somos obreros que debemos
cuidar ese grano de mostaza que es Cristo, que muriendo a sí mismo se convirtió en el árbol que hoy es la Iglesia. ¡Un abrazote fuerte!



Susana 01/14/2011 13:16



San Esteban fue nuestro primer mártir. Curiosamente tras su muerte vino la conversión de San Pablo ¿Y que tenían ambos en común? Losdos eran grandes conocedores del Antiguo Testamento y de la ley
judía. San Esteban fue lapidado, precisamente por defender la fe cristiana con sólidos argumentos bíblicos y San Pablo, celoso por defender la ley judía perseguía a los primeros cristianos.


Posiblemente la conversión de San Pablo fue la respuesta a las oraciones de San Esteban antes de morir. Entonces en ellos se ha de cumplir que debe morir la semilla para que el fruto pueda nacer.
Sin la entrega de Esteban, probablemente el mundo no habría conocido al gran evangelizador que fue San Pablo.



J.L.R.P. 01/14/2011 15:46



Sí, hermana Susana. Todos estamos llamados a seguir el camino de Cristo, que dando su vida por amor, muriendo, generó vida abundante. Es como el grano de mostaza de la parábola del
Evangelio (Mt 13, 31-32). La más insignificante de las semillas, termina convirtiéndose en árbol, y en nido para los pájaros... Un humilde carpintero de Nazaret (¡Dios mismo, qué prueba de
humildad) termina convirtiéndose en la Luz de toda La Tierra. Ése fue el camino de Esteban, que como tú dices estuvo en el origen de la gran historia de San Pablo, y ése debe ser el camino que
todos los cristianos. ¡¿Detrás de cuántos insignes hombre y mujeres de la Iglesia a lo largo de la Historia habrán estado humildes padres, madres, amigos, que sin nigún afán de protagonismo
(fíjate en la misma Virgen María), y sólo por amor, fueron como ese grano de mostaza, que dieron vida abundante?! ¡¡Gloria a ellos!!


¡Gracias por tu comentario, Susana, me ha encantado, de verdad! Ánimo con tu tarea, y ¡que Dios te bendiga amiga!



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