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21 noviembre 2011 1 21 /11 /noviembre /2011 20:05

        A petición de nuestro gran amigo Emilio, que tanto está participando en el blog, voy a incidir en el famoso principio de la "Sola Scriptura", tan defendido por los reformadores protestantes. Como ya vimos en otros posts anteriores, los padres de la Reforma protestante pensaban que el seguimiento de las Sagradas Escrituras debía hacerse sin mediación de la jerarquía eclesiástica, de forma personal, y olvidando a su vez la tradición de los Padres y el Magisterio de la Iglesia Católica. Aquellos hombres que rompieron con la Santa Madre Iglesia creían que había que eliminar de la interpretación bíbilica todo rastro filosófico, tal y como explicó brillantemente Benedicto XVI en su famosa y ¡polemíca! conferencia de la Universidad Ratisbona. Como bien sabemos, ya desde los tiempos helenísticos de la Biblia de los 70, y en los últimos siglos de la Antigüedad, con la prolongación que al respecto constituyó la Edad Medía, se produjo una fuerte colaboración entre fe y cultura (éste es uno de los auténticos logros del Cristianismo), más concretamente entre fe cristiana -con antecedentes claros en el Judaísmo- y filosofía clásica, griega y romana. ¡Qué decir de figuras como San Pablo, San Justino, San Basilio, San Agustín, San Anselmo de Canterbury, San Buenaventura, o el gran Santo Tomá de Aquino! Estos autores, aún teniendo presente siempre la primacía de la fe, reconocían la importancia de la razón en el camino que lleva hacia Dios mismo, y para explicar toda esta unión, se sirvieron de los postulados filosóficos de los autores griegos y romanos, sobre todo Platón y Aristóteles.

        Pero Lutero era de la opinión de que esta unión había sido de todo menos favorable. Había que "liberar" a la Palabra de Dios de toda influencia ejercida por el pensamiento filosófico; había que escucharla sin una participación activa de la razón. Más aún, Lutero tenía un concepto muy negativo acerca de la razón humana; creía que al igual que el resto del hombre, aquélla estaba también corrompida, por lo que la unión entre fe y razón era completamente desaconsejable. Esta visión tan pesimista del hombre y de su razón que defendieron los reformadores protestantes fue una de las causas que abrieron un tajo amplísimo entre fe y razón, división que ya había comenzado aproximadamente en el siglo XIV, con la escuela filosófica del Nominalismo (Guillermo Ockham fue su principal exponente) o con autores tales como el beato Duns Escoto.

       Mientras, los católicos seguimos creyendo en aquel entonces, y también hoy día, que la razón es obra creada por Dios, y que su participación y colaboración con la fe es esencial para alcanzar la Verdad auténtica, la Verdad con mayúscula, Dios. Y seguimos creyendo, como bien demuestran los Evangelios, que Cristo dio a la Iglesia por Él fundada la potestad de interpretar la acción reveladora de Dios, que por otra parte no acababa con las Sagradas Escrituras, sino que sería afianzada por el Espíritu Santo.

      ¡Espero haberme explicado, dentro de mi torpeza, de forma relativamente clara!

      ¡Muchas gracias de nuevo por tu colaboración, Emilio; que Dios te bendiga!

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Published by J.L.R.P. - en VARIOS
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Comentarios

Rodolfo Plata 12/09/2011 03:15


Estimado hermano. Agradezco tu comentario y gentileza. Saludos. Rodolfo Plata

J.L.R.P. 12/09/2011 23:41



      ¡No hay de qué, amigo! Ha sido un palcer; gracias a ti por tu interés. Un fuerte abrazo hermano, y ¡que Dios te bendiga!



Rodolfo Plata 12/07/2011 13:19


La importancia de la crítica a la cristología de san Pablo, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para visualizar __la
omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar la naturaleza humana de Cristo. Desechando la prueba viviente en Cristo hombre que nos confirma que es posible alcanzar la
trascendencia humana practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta, patente en Cristo (cero defectos). Doctrina sustentada por filósofos y
místicos __y la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, a fin de afrontar con éxito los retos y amenazas del ateismo,
el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad. http://es.scribd.com/doc/73578720/CRITICA-A-LA-CRISTOLOGIA-DE-SAN-PABLO

J.L.R.P. 12/07/2011 14:07



      


¡Querido Rodolfo! Lo prometido es deuda, y como te dije, aquí tienes mi respuesta. Antes de nada, darte las gracias por tu interés en
el tema, y por dejarnos un comentario, haciendo mucho más pedagógico este humilde blog que intenta defender, mediante la Verdad, la luminosa (conviviendo con el pecado, por supuesto) Historia de
la Madre Iglesia Católica.


Verás, no puedo estar de acuerdo contigo en lo que me dices, por los siguientes motivos, Rodolfo:


1. San Pablo nunca negó la humanidad de Cristo, sino que acorde con toda la tradición evangélica (él mismo subrayó esta
unidad entre su testimonio y el de los evangelistas), resaltó la humanidad que adoptó la Palabra de Dios, el Verbo, el Logos, el mismo Hijo de Dios. Esto se observa claramente en el Cántico que nos dejó en su Carta a los Filipenses (2, 6-11):


 


6 El, que era de condición divina,
no consideró esta igualdad con Dios
como algo que debía guardar celosamente:


7 al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor
y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano,


8 se humilló hasta aceptar por obediencia la
muerte
y muerte de cruz.


9 Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,


10 para que al nombre de Jesús,
se doble toda rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,


11 y toda lengua proclame para gloria de Dios
Padre:
«Jesucristo es el Señor».


 


Esto se ve otra vez claramente en 1Co 15, 21, cuando el Apóstol de los Gentiles
afirma:


21 Porque la muerte vino al mundo por medio de un
hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.


No puede haber ninguna duda de que San Pablo nunca dudó de la humanidad de Cristo, verdadero
Dios y verdero hombre, como siglos más tarde, pero fiel a toda la tradición apostólica se declaró solemnemente en el Concilio de Calcedonia (451)
–con los antecedentes del Concilio de Nicea (325), I de Constantinopla (381) y de Éfeso (431), cuando se afirmaría la existencia de una única persona, la del Verbo Divino, pero dos
naturalezas, la  humana y la divina.


Rodolfo, la novedad del Cristianismo precisamente radica en que no es una simple moralidad,
sino la misma Palabra de Dios, el Verbo, el Logos, a través del cual todo fue creado, que se hizo uno de los nuestros. Cristo no era un maestro de
moral como lo podrías ser tú o yo mismo, sino Dios hecho carne, Camino, Verdad y Vida. Si hubiera sido tan solo un moralista que apareció en el mundo, y de forma igual que apareció, desapareció,
aún en el caso de que fuera un hombre inspirado por la divinidad, ¿qué diferencia habría entre Cristo y Buda, o entre Cristo y Moisés? Pero no, Cristo es el mismo Dios hecho hombre, la Palabra
hecha carne; no hay más Camino que Él. El Cristianismo es Cristo, como asevera el Doctor en Teología de la Universidad de Teología del Norte José Antonio Sayés.


Por otra parte, San Pablo nunca rompió con la tradición judía, porque el mismo Cristo no
rompió con ella, sino que la superó, le dio cumplimiento a la promesa hecha por Dios Padre al pueblo elegido. No podemos olvidar las mismas palabras que Cristo nos legó, transmitidas por los Evangelios –que sea dicho de nuevo, su historicidad cada vez es menos puesta en duda por los historiadores y teólogos-. Veamos el Evangelio de Mateo, 5, 17-19:


17 No piensen que vine para abolir la Ley o los
Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.


18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una
coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.


19 El que no cumpla el más pequeño de estos
mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los
Cielos.


Para justo después, demostrar claramente que Él estaba por encima de la Ley, que le daba
cumplimiento, y la superaba (Mt 5, 21-48).


21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados:
"No matarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.


22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita
contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de
fuego.


23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el
altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,


24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a
reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.


25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu
adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.


26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que
hayas pagado el último centavo.


27 Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás
adulterio".


28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer
deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.


29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de
pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.


30 Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de
pecado, córtala y arrójala lejos de ti; es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.


31 También se dijo: "El que se divorcia de su
mujer, debe darle una declaración de divorcio".


32 Pero yo les digo: El que se divorcia de su
mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.


33 Ustedes han oído también que se dijo a los
antepasados: "No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor".


34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni
por el cielo, porque es el trono de Dios,


35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus
pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.


36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes
convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.


37 Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando
digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.


38 Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y
diente por diente".


39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les
hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.


40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la
túnica, déjale también el manto;


41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro,
camina dos con él.


42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al
que quiere pedirte algo prestado.


43 Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu
prójimo" y odiarás a tu enemigo.


44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen
por sus perseguidores;


45 así serán hijos del Padre que está en el cielo,
porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.


46 Si ustedes aman solamente a quienes los aman,
¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?


47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué
hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?


48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el
Padre que está en el cielo.


Rodolfo, la Iglesia Católica siempre ha considerado un error querer prescindir de la
herencia judía, recogida en el Antiguo Testamento. Tal y como nos recuerda el Doctor Ignacio Carbajosa, muchas veces ha tenido la Cristiandad esta tentación a lo largo de la Historia: Marción en
el siglo II (que consideraba sólo como libros inspirados dignos de entrar en el Canon las Cartas de Pablo y el Evangelio de Lucas, ya que todos las demás obras neotestamentarias estaban contaminadas por el Judaísmo; evidentemente, desaprobaba las Escrituras judías), el
monje cisterciense Joaquín de Fiore (ss. XII y XIII), el “ilustrado” Lessing (s. XVIII), y los protestantes Harnack y Bultmann (ss. XIX-XX). En contra de todos estos autores, la Iglesia Católica
siempre ha defendido la integridad de la Historia de la Salvación en el binomio Antiguo Testamento-Nuevo Testamento; baste para demostrar esto un solo dato: se conocen dos códices del siglo IV
d.C., el Vaticanus y el Sinaiticus, ya integraban en una misma obra ambos
testamentos.


Y es que el camino de desconectar la misión de Cristo del plan de salvación divino prometido
a Abraham y su descendencia es muy peligroso: su relación con el antisemitismo está comprobada. Pero mucho ojo: esto no quiere decir que alguien que desvincule el Cristianismo de la herencia
judía tenga que ser forzosamente un antisemita; lo que sí es cierto, es que es una visión que a la larga resultó nefasta para la Historia de la humanidad.


Una vez más, amigo Rodolfo, agradecerte de corazón que hayas realizado un comentario al
post. Que la María, nuestra Santa Madre, te acompañe siempre en tu caminar, y ¡que Dios te bendiga hermano!


 



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