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23 abril 2011 6 23 /04 /abril /2011 20:21

   Hoy día se ha puesto de moda, por parte de algunos teólogos como José Antonio Pagola, decir que la Resurrección de Cristo no fue un hecho histórico (sí real), sino una experiencia de fe de los discípulos. Así, éstos recibieron de Dios la confirmación interior de que la Resurrección de Cristo se había producido. Es de esta forma como Pagola explica el significado de las apariciones de Nuestro Señor.

  Pero esta interpretación es a todas luces errónea, y así lo reconocen la gran mayoría de exegetas. Siguiendo de nuevo al teólogo José Antonio Sayés, es difícil defender que la convicción de que la Resurrección de Cristo se había producido proveniera de una experiencia de fe de los apóstoles. ¿Qué experiencia de fe podían vivir unos hombres y mujeres que estaban abatidos tras la muerte de su Maestro, que según sus expectativas había fracasado, y se reunían escondidos por miedo a los judíos?; ¿así, de repente, iban a empezar su evangelización y testimonio, de forma tan valiente? No se comprende este cambio tan radical sin el acaecimiento de un hecho sorprendente que cambió la vida de todos ellos, e incluso el rumbo de la Historia.

  Hay otras claras muestras en los Evangelios. José Antonio Pagola nos dice también que las apariciones de Cristo resucitado fueron experienca de fe, no hechos históricos, y eso se topa de bruces con un análisis exahustivo de los textos, tal y como demuestra Sayés: cuando Nuestro Señor se presenta ante los discípulos, a veces es expresado por los verbos faino y faneroo, que vendrían a significar aparición visible. También se usa el verbo ophthé, aoristo pasivo que se traduce como se dejó ver.

  Por otra parte, recordemos que cuando el Evangelio de Lucas nos habla de la aparición ante los discípulos de Emaús, es cierto que éstos lo reconocen a través de una experiencia de fe, pero ello no quita que verdaderamente Cristo estuviera presente delante de ellos, en cuerpo y alma. La Resurrección de Cristo no fue como la de Lázaro, para volver a morir, sino un hecho completamente trascendente, que le dio un cuerpo eterno; por eso, a Cristo no lo veía resucitado quien quería, sino aquél a quien Él mismo quería mostrarse. Como comenta Benedicto XVI en la segunda parte de Jesús de Nazaret, recientemente publicada, Para los testigos que habían encontrado al Resucitado esto no era ciertamente nada fácil de expresar. Se encontraron ante un fenómemo totalmente vuevo para ellos, pues superaba el horizonte de su propia existencia. Por más que la realidad de lo acontecido se les presentara de manera tan abrumadora que los llevara a dar testimonio de ella, ésta seguía siendo del todo inusual (...). El mismo pasaje nos dice  que "Jesús se hizo invisible ante ellos (afantos egeneto)" -José Antino Sayés, en respuesta a José Antonio Pagola-, lo cual presupone ciertamente que se había hecho antes visible delante de ellos. Para hablar de experiencia interior, los evangelistas hubieran usado la palabra griega horama, lo cual no ocurre nunca, nos sigue diciendo Sayés.

   Otro detalle no carente de importancia: en el Evangelio de Juan vemos cómo Juan y Pedro ven el sepulcro vacío, y las vendas en el suelo. Entonces, dice el autor del Evangelio, es decir, san Juan sobre sí mismo, que vio y creyó. Pero el término griego que usa el orginal es keimena, es decir, que las vendas estaban yacentes, como desnfladas; posiblemente por ello san Juan vio y creyó que había resucitado, tras el anuncio de María Magdalena de que el sepulcro estaba vació (ver Jn, 20).

   Y es que como dice Ignacio Carbajosa, la Resurrección de Cristo dejó unas pruebas que lo convierten en un hecho histórico, no en una entelequia de nuestra fe o razón. Si creemos en que Dios es el Creador, y Todopoderoso, no hay ninguna dificultad en reconocer la posibilidad de que se produjera aquel hecho; y es que aunque el Cientifiscmo que hizo furor a partir de la aparición de la Nueva Ciencia (siglos XVI-XVII) ha terminado por considerar como conocimiento verdadero sólo aquél que proviene de la experimentación y que puede ser comprobado por los sentidos, la misma razón nos dice que debe haber algo más, algo que nos trasciende, que mueve todo lo existente, y que a su vez es principio de todo ellos: con esta premisa, no hay ninguan complicación a la hora de reconocer que la Resurrección de Cristo está totalmente acorde con nuestra razón, y que puso ser un acontecimiento completamente histórico.

   ¡Feliz Pascua de Resurrección en Cristo Nuestro Señor! ¡Que nos desborde la alegría, porque la muerte ha sido vencida!

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19 abril 2011 2 19 /04 /abril /2011 22:48

Hay autores, que de una forma totalmente insostenible, niegan que Cristo afirmara que él era el Hijo de Dios de una forma trascendente, situándose a la misma altura que el Padre. Como digo, esta aseveración es imposible de mantener, ya que los textos evangélicos no dejan lugar a dudas. Siguiendo los trabajos de José Antonio Sayés, teólogo de la Universidad de Teología del Norte, podemos decir que hay pruebas explícitas, y otras, digamos, implícitas; pongamos algunos ejemplos:

Veamos un caso de prueba explícita: En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Si Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 25-27). Como todos podemos observar, Cristo no está hablando en este momento de cualquier hijo de Dios, del hombre en general, sino a Él mismo; así, se pone por encima de todo el género humano, y se iguala al mismo Padre: la trascendencia de sus palabras está fuera de toda duda.

Ahora analicemos las pruebas implícitas, que si bien no expresan la idea de forma directa, sí lo hacen mediante un análisis más profundo:

  • En ningún momento dicen los Evangelios (ni Cristo ni las narraciones) que Jesús cree; Él da a conocer lo que el Padre le comunica (ver el pasaje del Evangelio de Mateo, 11, 25-27, expuesto unas líneas más arriba). Es una clara señal de trascendencia, de su permanencia por encima del hombre creado por Dios.
  • La expresión "en nombre de..." siempre fue usada en el Antiguo Testamento para referirse a Yahveh. En cambio, Cristo dijo, como vemos en Mc 9, 39, contestando a Juan cuando le dijo que habían intentado impedir que un hombre que no iba con ellos expulsara demonios en su nombre: Pero Jesús le dijo: "No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí". Claramente, Cristo se "adueña" del nombre de Dios.
  • Jesucristo se puso por encima de tres de las "instituciones" más importantes para el pueblo de Israel: la ley, el sábado, y el Templo. Respecto a la ley, recordemos las palabras de Cristo en el Sermón de la Montaña  tras las Bienaventuranzas, tal y como nos lo narra Mateo: Habéis oído que se dijo... Pues yo os digo... (Mt 5, 20-48). Cristo trae la perfección a la Ley y los Profetas con su Palabra. En cuanto al sábado, si observamos las palabras de Cristo en Lc 6, 1-5, comprobamos que Él se declara como el Señor del sábado, situándose de nuevo como la Nueva Ley, la Nueva Alianza: Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: "¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?"  Y Jesús les respondió: "¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?" Y les dijo: "El Hijo del hombre es Señor del sábado".  Todos los investigadores saben que por encima del sábado sólo está Dios: la conclusión es evidente... Además, como bien nos comenta Benedicto XVI en la primera parte de Jesús de Nazaret, Cristo se está estableciendo como sumo sacerdote, que puede quebrantar la norma del descanso sabático. Por último, en relación al Templo, presencia real de Dios entre los hombres, vemos cómo se declara como nuevo Templo: Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré (Jn 2, 19). Se refería, sin lugar a dudas, al Templo de su Cuerpo y a su Resurrección.
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17 abril 2011 7 17 /04 /abril /2011 23:13

        Entró Jesús en Jerusalén a lomos de un asno. El Rey de Israel, el Mesías prometido, encima de un humilde pollino. Evidentemente, la elección de Cristo no fue realizada al azar, sino que respondía a un doble objetivo: por una parte, mostrar el camino de la humildad a todo el pueblo; si Él, que se reconocía al mismo nivel que Dios Padre, como Hijo que era, entraba en la ciudad santa montando un asno (Mc 11, 1-11, Mt 21, 1-10, Lc 19, 28-38, Jn 12, 12-19), ¿cómo no debería ser el comportamiento de sus discípulos? El segundo motivo es una constante que aparece en toda la vida de Jesús: dar cumplimiento de la promesa profética del Antiguo Testamento. Así nos lo recuerdan el Evangelio de San Juan y el de San Mateo, que hacen referencia a la profecía del profeta Zacarías: "¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna".

       Y es que ningún elemento de las Sagradas Escrituras está exento de una fuerte simbología, y de un sentido mucho más profundo que el que se nos puede presentar a primera vista. Lo mismo les ocurrió a sus discípulos, como nos cuenta justo a continuación San Juan en su Evangelio, que sólo comprendieron el hecho cuando su Maestro fue glorificado. ¿Somos conscientes los católicos de hoy día del significado de la vida de Jesús, en obras y palabras? ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

 

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8 abril 2011 5 08 /04 /abril /2011 21:20

Tras la aparición de la teoría constructivista del aprendizaje en la primera mitad del siglo XX, con autores como Piaget o Vigotsky, poco a poco se fue extendiendo en el mundo de la enseñanza la concepción de que el aprendizaje no debía basarse tanto en la vía unidireccional del conocimiento profesor-alumno (teoría conductivista), sino en la importancia que los conocimientos previos tienen en el receptor a la hora de adquirir los nuevos. Así, se terminaría por afirmar que la información proporcionada al alumno debía ser significativa para éste (que objetivamente le interesara), de modo que a partir de sus conocimientos previos, y con esos datos nuevos vinculados a su realidad, fuera capaz de construir los nuevos conceptos: fue Ausubel el que mejor definió esta teoría en la década de los 60 del siglo XX.

Pero todas estas consideraciones, desgraciadamente, terminaron desembocando en la creencia general, adoptada incluso por altas esferas pedagógicas, de que el aprendizaje de contenidos debía estar subordinado a la necesidad de que el niño no experimentara la frustración en sus estudios, sino que aprendiera suavemente, sin sobresaltos, sin esfuerzos exagerados, fuera a sufrir daños irreparables. Por tanto, los contenidos han ido reduciéndose tanto que los alumnos pasar se lo pasan muy bien, pero aprender… poca cosa.

Y ya hace bastante tiempo que este bajísimo nivel educativo hizo acto de presencia en la Universidad; las nuevas generaciones que han ido llegando a los estudios superiores, y que posiblemente serán los futuros prohombres y gobernantes de la nación, lo han hecho con un bagaje cultural pésimo, que dificulta su aprendizaje. Si no atajamos el problema de forma acelerada, nos veremos en una situación aún más complicada que la actual, lo que no es poca cosa. Cree Pío Moa que una de las raíces de la decadencia española que apareció en el siglo XVII fue la crisis de la enseñanza superior. Dicen de la Historia que es bueno conocerla para no cometer los mismos errores que en el pasado; y la decadencia la tenemos ya en nuestros días, por lo que actuemos para no llegar a algo aún peor. Aquí la Iglesia, como en todos los aspectos de la vida, tiene mucho que decir, por su labor educativa, que se retrotrae bastantes siglos atrás. Que se lo pregunten si no a san Agustín, que en su Tratado Catequístico ya nos señaló aspectos que modernamente se atribuyen a teorías como la constructivista: importancia de situarse al nivel del alumno, etc. Pero la diferencia radica en que la Iglesia nunca ha olvidado el valor del esfuerzo...

Mal panorama, pero nunca perdamos la esperanza: si nos reconocemos como obra de Dios, llegaremos a buen fin, como todo lo que sale de su mano.

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31 marzo 2011 4 31 /03 /marzo /2011 21:08

También muy adecuada para el tiempo de Cuaresma en la práctica del Via Matris. Está inspirado evidentemente en el ejercicio del Via Crucis, pero ya hay pruebas de su existencia en el siglo XVI, aunque tal y como se conoce hoy día proviene del siglo XIX. En este testimonio de piedad se resume la vida de la Virgen María en torno a sus siete dolores. Por ello es una práctica muy aconsejable para la Cuaresma, ya que la figura dolorosa de María dirige siempre nuestra mirada a Nuestro Señor Jesucristo, que fue a lo largo de toda su vida negado por sus hermanos, por los hombres. Y es que no me cansaré nunca de repetirlo, siguiendo las palabras de Vittorio Messori: María no quita nada, sino que da. Allí donde Ella está, la fe en el Hijo es más grande, más pura. No hay más que ver el estado de la fe (dentro de la grave situación actual) en los países de tradición católica, y luego compararla con el de las naciones protestantes. Por tanto, cojamos nuestra cruz, como hizo María desde el principio de su misión, y recorramos como Iglesia que somos el camino que nos lleva a la Salvación; camino de sufrimiento, sí, pero por ello mismo prometedor de la eterna alegría.

 

Fuente:

Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la Liturgia. Principios y orientaciones, www.vatican.va, 2002.


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23 marzo 2011 3 23 /03 /marzo /2011 22:36

Antiguo es el debate acerca de la idoneidad de hacer receptora a la mujer del sacramento del Orden Sacerdotal. Esta polémica se ha avivado después de que la Iglesia Anglicana las aceptara en el sacerdocio. Pero la Iglesia Católica ha permanecido siempre fiel a la exclusión de las mujeres del ejercicio del sacerdocio MINISTERIAL. Y esta práctica, al contrario de lo que la crítica opina, está lejos de ser una muestra de marginación hacia las mujeres, ni de machismo. Es más, las razones que posee la Madre Iglesia para actuar al respecto de esa forma, son más que comprensibles: en verdad, son casi concluyentes. Pasemos a verlas, usando como fuentes varios documentos eclesiásticos de los últimos cincuenta años. 

Si analizamos los Evangelios, vemos que Cristo, a la hora de escoger a los doce apóstoles, seleccionó a varones solamente (Mc 3,14-19; Lc 6,12-16). Y éstos, cuando tuvieron que elegir a sus colaboradores, y a sus sucesores, también acutaron de la misma manera (1 Tm 3,1-13; 2 Tm 1,6; Tt 1,5-9; San Clemente Romano, Epístola a los Corintios 44, 2-3). Los partidarios de la ordenación de las mujeres suelen argumentar que si Cristo  procedió así fue por estar inmerso es el contexto judío de su época, en el que la mujer ocupaba un lugar secundario. Pero esta teoría no tiene ningún fundamento, porque Nuestro Señor dio pruebas suficientes de no valorar estos esquemas sociales; así, igualó la gravedad del pecado de adulterio en el hombre y la mujer (Mt 19, 1-9), contó con mujeres entre sus seguidores, algo inaudito en el ambiente judío de aquellos tiempos (Mt 27, 55), y les concedió la gracia del descubrimiento de su Resurreción y la transmisión del mensaje a los discípulos (Mt 28, 1-8). Como se observa sin lugar a dudas, Cristo otorgó una dignidad y una importancia a la mujer que podríamos considerar inusual para aquella cultura.

El Evangelio es tajante al respecto: Subió al monte y llamó a los que él quiso (Mc 3, 13); Sucedió que por aquellos días se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos (Lc 6, 12-13). Por tanto, se trató de una decisión libre, y meditada en compañía del Padre. ¿Por qué, si esta elección era una prueba de discriminación hacia la mujer, no rompió  con la costumbre, como había hecho en los casos antes citados?

Y un tanto de los mismo ocurre con la tradición de los primeros cristianos: debieron interpretar la actuación del Señor en ese sentido, ya que así hicieron ellos también. Ya hemos citado los pasajes neotestamentarios en los que podemos comprobar que la elección de los colaboradores de los Apóstoles. fue realizada también entre  varones. Además, dice la Epístola de San Clemente Romano a los Corintios: Pero por esta causa, teniendo perfecto conocimiento del futuro, establecieron a los mencionados y para lo sucesivo dieron la norma que, cuando reposaran, otros probados varones ejercieran el ministerio (litúrgico) de ellos. Mas, a los establecios por ellos o después por otros eximios varones con el beneplácito de toda la Iglesia, que sirivieron irreprochablemente al rebaño de Cristo con humildad, pacífica y dignamente, atestiguados durante mucho tiempo por todos, no creemos que ses pueda apartar del ministerio (litúrgico) (44, 2-3).

Por tanto, no estamos ante un caso de "machismo" religioso, sino ante la fidelidad al proceder de Jesucristo y al de los primeros discípulos. La Iglesia, come ella misma ha declarado oficialmente, no tiene potestad para cambiar la voluntad revelada por Dios. Ciertamente que no podemos conocer las causas específicas por las que Él mismo consideró oportuno escoger como ministros y sus representantes tan sólo a varones; pero es un hecho que libremente procedió así. Ni siquiera su Santísima Madre fue escogida para dicha tarea, y en cambio, ¡quién recibió mejor consideración y mayor veneración, en el Cristianismo primitivo, y a lo largo de toda la Historia, que María Santísima! Ella estuvo presente en la primera comunidad (Hch 1, 14), y su papel, como el de otras mujeres, fue esencial. Esto nos lleva a decir que la Iglesia no está apartando a las mujeres del corazón de la misma, porque el corazón del Reino de Dios es el Amor, y el principal lugar lo ocupan los santos, no los obispos, sacerdotes o diáconos.

Concluyamos este análisis con otro aspecto a tener en cuenta. El Nuevo Testamento hace un claro paralelismo, que por otra parte ya se veía entre Dios e Israel en el Antiguo, entre el matrimonio hombre mujer, y el carácter esponsal de la relación entre Cristo y su Iglesia. Si el sacerdote actúa in persona Crhisti, evidentemente debe cumplir el papel de Esposo de la Iglesia, por lo que la ordenación de mujeres sería totalmente desaconsejable.

En ninguna otra tradición religiosa la mujer se ha encontrado tan considerada como en el Cristianismo (centrándonos ahora en la Iglesia Católica), reconociendo los errores que se hayan podido cometer a lo largo de la Historia, que seguro que hemos caído en ellos. Pero nuestra Iglesia siempre ha defendido su dignidad; así, por tanto, no encontremos discriminación donde no la hay, y trabajemos por la implantación del Reino de Dios en el corazón de todos los hombres, sea cual sea su sexo. Todos tenemos trabajo que hacer, ¡manos a la obra!

 

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19 marzo 2011 6 19 /03 /marzo /2011 15:42

       Antonio Machado (1875-1939) era un gran poeta, incluso  portador de grandes verdades metafísicas; pero siempre me ha llamado la atención uno de sus poemas, en los que habla de Jesús crucificado:

        

 ¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

 

       Para los cristianos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo es el acontecimiento fundamental de la Historia de la Salvación. ¡Cuántas veces a lo largo de su vida aqui en La Tierra se le presentó a Cristo la tentación de mostrarse a su pueblo como un Mesías político! Pero una y otra vez rechazó Él ese pensamiento que iba en contra de la voluntad de su Padre, y libremente, se ofreció en la Cruz para el perdón de los pecados de todos los hombres. ¡Y cuántas veces no tendremos nosotros la tentación de hacernos un Cristo a nuestra medida, que sólo nos pide acompañarlo en su triunfo, y no en su fracaso! Pero bien sabemos que Él nos dijo que para seguirlo, teníamos que cargar con nuestra cruz; y de esa aceptación del sufrimiento, viene la verdadera victoria. Por eso, como dice San Pablo en la Carta a los Filipenses, fue Cristo levantado sobre todo, y Dios Padre le concedió el nombre sobre todo nombre. Quien quiera pasar por esta vida sin responsabilidades, disfrutando sólo aquéllo que nos atrae del Cristianismo, equivocado va. No es en vano que la Santa Madre Iglesia haya tomado como símbolo el madero; no lo olvidemos nunca, y menos aún en Cuaresma, en este tiempo de conversión y penitencia con vistas a la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. ¡Gracias, Señor, por dar tu vida por los hombres! ¡Gracias por entregarte a la Cruz!

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10 marzo 2011 4 10 /03 /marzo /2011 20:17

        El Vía Crucis es un ejercicio de piedad muy adecuado para el tiempo litúrgico de la Cuaresma, ya que dirige nuestra mirada al fin verdadero de estos cuarenta días, que es la preparación de nuestras almas de cara a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Este recorrido de catorce estaciones, que van desde la condena a muerte a Cristo hasta su entierro en el sepulcro, es además un llamamiento a que siguiendo la estela del Maestro, caminemos cargando nuestra cruz en este mundo.

      El Vía Crucis tiene su origen en la Edad Media, cuando la devoción por los Santos Lugares por los que pasó Cristo adquirió un gran auge; este aprecio, mezclado con otros actos de piedad  como el de los caminos dolorosos de Cristo, en el que se iba de Iglesia en Iglesia recordando el camino de Cristo en su Pasión, se fundieron en el Vía Crucis que actualmente conocemos, cuya presencia observamos ya  en el siglo XVII, fecha en la cual San Leonardo de Porto Mauricio  promovió su práctica.

     San José María Escrivá de Balaguer era un ferviente defensor del Vía Crucis. En Camino, dejó escrito El Vía Crucis -¡Ésta sí que es devoción recia y jugosa! Ojalá te habitúes a repasar esos catorce puntos de la Pasión y Muerte del Señor, los viernes. -Yo te aseguro que sacarás fortaleza para toda la semana.

     Por tanto, aprovehcemos esta poderosa herramienta para profundizar en el misterio de nuestra Redención, sobre todo durante la Cuaresma. Y sin perder de vista, que aunque la última estación del Camino de la Cruz (¡Vía Crucis!) de Cristo fue su colocación en el sepulcro, ningún sentido tendría si no consideráramos que todo ellos quedó culminado con su santa Resurreción.

    ¡Se acerca la gran fiesta, convirtámonos y creamos en el Evangelio!

 

    Fuente:

    Balaguer, Esrivá de; Camino; Rialp, Alcalá de Henares (Madrid), 2004.

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8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 19:49

     Mañana empieza la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Ése camino de 40 días que nos prepara, con un corazón contrito, mediante el ayuno, la limosna y la abstinencia, de cara al Triduo Pascual, a la Pasión, muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, fundamento de toda nuestra fe católica. Y todo comienza con ese rito tan lleno de simbolismo: un montón de ceniza esparcida por la cabeza (obtenidas de las palmas usadas en el Domingo de Ramos del año anterior), mediante la señal de la cruz, con las palabras del sacerdote: "Recuerda que eres polvo, y has de volver al polvo"; una llamada a no olvidar que sin Dios nada somos, que la muerte termina por llegarnos a todos, y que la corrupción corporal, de nuestra belleza, tarde o temprano se convierten en una realidad. Esas palabras pueden verse acompañadas por éstas otras: "Convertíos, y creed en el Evangelio"; ante la fugacidad de la vida, la Iglesia nos llama a la conversión, a poner nuestra mirada en lo que verdaderamente perdura, que es Dios. Se abre así un perído de 40 días, que en el lenguaje bíblico siempre es símbolo de camino a recorrer como preparación: 40 días se alargó el diluvio en tiempos de Noé, 40 años Israel pasó en el desierto camino a la Tierra Prometida, 40 días tuvieron que pasar para que Elías se encontrara con Yahveh en el Monte Horeb, 40 días Jesús permaneció  en el desierto ayunando y orando antes de ser tentado por el Diablo y comenzar su predicación, y 40 días transcurrieron desde la Resurrección de Cristo hasta su Ascención a los Cielos... 

     ¿Le sigues dando un significado a este período litúrgico de preparación, o has dejado de ser consciente de que la acción de Cristo en el mundo necesita aún de tu conversión, tal y como hacemos también en el Adviento? Recuerda que eres polvo, y has de volver al polvo... Sólo Dios te puede librar del olvido... ¡Que todos sintamos la necesidad de convertirnos verdaderamente al Evangelio, y podamos recibir la gracias de Dios derramada con su santa Resurrección!

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4 marzo 2011 5 04 /03 /marzo /2011 00:14

       Hace unos días, vi por casualidad que en un programa de la cadena Veo7, no recuerdo cuál, estaban entrevistando al escritor y antiguo corresponsal de guerra Arturo Pérez-Reverte. Curiosamente, en los pocos segundos que atendí a lo que decía, le escuché atacar de nuevo a la Iglesia Católica. Estaba hablando de las pocas esperanzas que tenía de que la situación del país cambiara; según su opinión, nuestra historia no era muy alentadora de cara a ello, y al parecer, entre otros motivos, por culpa de la huella que la Iglesia había dejado en nuestro país. ¡Vaya por Dios (nunca mejor dicho), siempre tenemos la culpa nosotros!

       Señor Pérez-Reverte, ya sabemos todos que es usted un provocador nato, pero empieza a hacerse un poco repetido con su cantinela. Tan bien que parece conocer la historia de España, no sé cómo cae en el error de olvidar que si nuestro país consiguió unirse tras la invasión musulmana y expulsar a los ocupantes, fue gracias a la cohesión que dio la Cruz; que nuestro período más glorioso, estuvo caracterizado por una fuerte presencia pública de la Iglesia; que si fuimos capaces de mantener durante tanto tiempo el Imperio, era porque el pueblo se sentía llamado a expandir y defender la fe católica por todos los rincones del orbe (incluída Europa); y que si nuestra nación fue la que vio nacer el derecho internacional, fue sobre todo gracias a la influencia de la Iglesia y de la mentalidad católica. ¡Y qué decir de las insignes figuras que ha dado a nuestra cultura, y la huella que nos ha transmitido en el arte! Señor Arturo Pérez-Reverte, no por llamar la atención tiene uno que despotricar cualquier cosa, piénselo bien.

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