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27 abril 2013 6 27 /04 /abril /2013 20:55

        Ya vimos en el artículo anterior cómo en las elecciones que catapultaron a los nazis al poder pocos católicos los habían votado. Pasaré ahora a analizar más en profundidad cuáles fueron las auténticas relaciones entre la Alemania nacionalsocialista y la Iglesia Católica. Se habla mucho, y siempre con poca o ninguna escrupulosidad histórica, acerca de una supuesta connivencia entre los nazis y la Iglesia Católica/Vaticano. Pero la verdad contrastada por multitud de historiadores y por cualquiera que se acerque al asunto sin ideas preconcebidas es que el régimen de Hitler veía en la Iglesia Católica a uno de sus mayores enemigos. 

        No es de extrañar que a Hitler le entraran sudores fríos (en sentido figurado) cuando escuchaba hablar de la Iglesia. En 1937 Pío XI había publicado la Encíclica Mit Brennender Sorge, en la que expresaba su profundo desacuerdo ante el pensamiento enarbolado por los nazis:


Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta (Mit Brennender Sorge, 12).

 

Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5) -Mit Brennender Sorge, 15-.

 

       A nadie se le escapa que las ideas de los nacionalsocialistas acerca de la supremacía de la raza aria, la eugenesia y la eutanasia, entre otras, chocaban frontalmente con el mensaje del Evangelio. El historiador Édouard Husson nos recuerda un hecho paradigmático de lo que hablamos: Reinhard Heydrich, jefe de la RSHA (Reichssicherheitshauptamt u Oficina Central de la Seguridad del Reich, que unía a la Gestapo con la SD -Sicherheitsdienst o Servicio de Seguridad de las SS-), sabía perfectamente que la Iglesia Católica no aceptaría nunca el asesinato de discapacitados físicos y mentales. Cuando Clemens August von Galen, obispo de Münster, pronunció en 1941 sus tres famosos sermones criticando la eutanasia, Heydrich visitó a Goebbels y a Bormann para que intentaran convencer a Hitler de la necesidad de detener a von Galen. Curiosamente, fue el dictador quien paró la maniobra, aunque, eso sí, y éste dato es importantísimo, les aseguró que Tiempo vendrá en que yo ajuste cuentas con ellos. Heydrich, siempre fiel a Hitler, aceptó esta estratagema política más "paciente", y le comunicó a los suyos que era necesario perfeccionar el sistema de información de modo que el día en que ajustemos cuentas con la Iglesia tengamos en la mano todas las pruebas de lo que ella ha emprendido contra el Estado.

        Conscientes de que la Iglesia Católica, y más concretamente el Vaticano, combatían soterradamente las acciones del Tercer Reich, la RSHA infiltró en las nunciaturas a agentes que pudieran falicitarle información al respecto. De nuevo Édouard Husson nos proporciona unas palabras que R. Heydrich comunicó a sus subordinados en una directiva de abril de 1940:

Es necesario reunir todos los elementos que permitan probar que los obispos se sirven de la valija diplomática de la nunciatura para comunicarse con Roma. Hay que identificar todos los medios utilizados por los obispos y la nunciatura para comunicarse entre sí. Hay que introducir  informadores en este sistema de comunicación.

          Resulta llamativo que haya aún quien acuse a Pío XII de no realizar una declaración explícita contra el genocidio que los nazis estaban ejecutando sobre el pueblo judío. No voy a entrar ahora en profundidad acerca de este tema, ya que lo abordaré detalladamente en otro artículo que versará sobre la impagable labor que la Iglesia Católica, y más concretamente el Santo Padre realizaron en favor de la vida de los judíos. Pero sí tengo que señalar lo que Husson ya remarca de forma muy inteligente:  ¿cómo podría haber mantenido el Vaticano una política de salvación de judíos si la hubiera llevado a cabo por los cauces establecidos, poseyendo la Alemania nazi espías en las mismísimas nunciaturas? Si Pío XII consiguió salvar a tantos judíos, posiblemente fue gracias a lo oculto de su acción.

          La animadversión que Hitler llegó a sentir hacia Pío XII fue tal que él y otros jerarcas nazis se plantearon el secuestrar al Sumo Pontífice y exiliarlo de Italia. Aunque se reservaba la final venganza para después de la "victoria" en la guerra, los católicos fueron constantemente perseguidos por las autoridades nazis. Por citar algunos casos llamativos, recordemos que el tan activo Heydrich mandó detener y matar a Erich Klausener, presidente de Acción Católica y que había trabajado en la administración del Tercer Reich, acusando a los nazis de mantener un régimen totalitario, y a Adalbert Probst, que dirigía la Organización Católica de Deportes. Fueron también muchos los católicos, sacerdotes, religiosos y laicos, que vieron como eran conducidos a campos de exterminio, tal fue el caso de Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz) o el presbítero San Maximiliano Kolbe, muertos ambos en el campo de concentración de Auschwitz.

             ¡Que el mundo lo sepa! La Iglesia fue tal vez la que tuvo una mayor y más eficaz actuación en contra del régimen nacionalsocialista, aún a costa de muchas vidas de sus hijos.

          

          

 


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16 abril 2013 2 16 /04 /abril /2013 21:27

      La leyenda negra, azuzada por la obra teatral El Vicario (escrita por Rolf Hochhuth en 1963, y a todas luces "patrocinada" por la propaganda comunista), ha querido presentar a la Iglesia Católica, especialmente al Santo Padre Pío XII, como impasible y pasiva ante la shoa de los judíos durante la II Guerra Mundial. Es un tema que necesita un tratamiento largo y pausado; y como por algún lugar hay que comenzarlo, lo haremos con el papel que jugaron los católicos en la elección democrática de Hitler en 1932.

     El historiador José Manuel García Pelegrín publicó en su obra Cristianos contra Hitler dos mapas en los que comparaba las zonas con mayoría católica del territorio alemán por aquel entonces con los territorios que mas votos aportaron al Partido Nacional-Socialista en las elecciones de 1932. Por el tema de respetar los derechos de autor, hasta que no tenga el permiso concedido no publicaré los mapas, aunque cualquiera de ustedes puede buscarlos en internet, y les aseguro que la comparación resulta impresionante: hasta un niño pequeño podría observar, con una exactitud que casi asusta, que los lugares en los que la población católica era mayoría (por ejemplo, la Baviera de Benedicto XVI), Hitler apenas recibió votos. Se calcula que de unos 20 millones de católicos que poblaban Alemania (había alrededor de 40 millones de protestantes), tan sólo 5 votaron a Hitler, y cuando aún no había realizado las barbaridades que poco después llevaría a cabo.

          ¡Empecemos a poner las cosas claras!

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