Overblog Seguir este blog
Administration Create my blog
12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 19:30

          J.R.R. Tolkien (Bloemfontein -Sudáfrica-, 1892/Bournemouth, Hampshire -Inglaterra-, 1973), escritor y filólogo, autor de la maravillosa trilogía de El Señor de los Anillos y por ende creador del fantástico mundo de la Tierra Media, mantuvo una profunda vida cristiana a lo largo de toda su existencia. Por más añadidura, es esencial indicar que a pesar de ser británico, profesaba la fe católica. 

          En su misma obra se pueden rastrear importantes elementos religiosos, si bien no de forma explícita, sí de manera implícita o simbólica. Él mismo lo reconoció así en varias cartas. Tolkien mantuvo una abundante correspondencia tanto con sus editores, como con su mujer cuando mantenían tan sólo un noviazgo, así como con sus hijos. Fueron publicadas por Humphrey Carpenter, biógrafo del humilde filólogo, en colaboración del continuador de la saga Tolkien, su hijo Christopher. De esta selección de más de 300 cartas, me gustaría destacar un par de ellas, en las que nuestro querido escritor manifestó claramente su desacuerdo con la política antisemita mantenida por el estado nazi alemán. Ambas están fechadas el 25 de julio de 1938, poco antes del comienzo de la II Guerra Mundial. En la primera de ellas, Tolkien responde a sus editores tras haberles enviado éstos una carta de la empresa alemana interesada en publicar El Hobbit en aquel país. Al parecer, la editorial alemana, Rütten & Loening, estaba muy interesada en saber si el erudito británico tenía un origen ario. La segunda de las cartas es uno de los dos borradores que J.R.R. Tolkien propuso a sus editores como posibles respuestas a los empresarios alemanes; como sólo se ha conservado la que expongo a continuación, es de suponer que el otro borrador fue el enviado, y que posiblemente aún era más contundente si cabe.

 

25 de julio de 1938
Debo decir que la carta de Rütten y Loening que usted me adjunta es un poco
rígida. ¿Tengo que soportar esta impertinencia porque llevo un apellido alemán, o la
lunática ley que los rige exige un certificado de posesión de un origen «arisch» por
parte de todas las personas de todos los países?
Personalmente,  me  sentiría  inclinado  a  rehusar  una  Bestätigung -confirmación-
(aunque pueda hacerlo en realidad) y demorar la traducción al alemán. De cualquier modo,
objetaría fuertemente que semejante declaración apareciera impresa. No considero
la (probable) ausencia de toda sangre judía como necesariamente honorable; tengo
numerosos amigos  judíos y  lamentaría dar cualquier  fundamento a  la  idea de que
suscribo la doctrina racista, perniciosa y del todo anticientífica.
Usted  es  el  principal  implicado  y  no  puedo  hacer  peligrar  la  oportunidad  de

una publicación alemana sin su aprobación. De modo que le presento dos borrado-
res de posibles respuestas. 

 

 

25 de julio de 1938    20 Northmoor Road, Oxford
Estimados señores:
Gracias por su carta .... Lamento no tener muy en claro a qué se refieren con
arisch. No soy de extracción aria: eso es, indo-iraní; que yo sepa, ninguno de mis
antepasados hablaba  indostano, persa, gitano ni ningún otro dialecto afín. Pero si
debo entender que quieren averiguar si soy de origen judío, sólo puedo responder
que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese do-
tado pueblo. Mi tatarabuelo llegó a Inglaterra desde Alemania en el siglo XVIII; la
mayor parte de mi ascendencia, por tanto, es puramente inglesa, y soy súbdito de

Inglaterra; eso debería bastar. No obstante, me he acostumbrado a considerar mi
apellido alemán con orgullo, y seguí considerándolo así durante todo el período de
la lamentable pasada guerra, durante la cual serví en el ejército inglés. Sin embar-
go, no puedo dejar de comentar que si averiguaciones impertinentes e irrelevantes
de esta especie han de convertirse en la regla en cuestiones relacionadas con la li-
teratura, no está entonces distante el momento  en que  tener un apellido alemán
deje de ser fuente de orgullo.
La averiguación en que se involucran sin duda obedece a  las leyes de vuestro
propio país, pero que éstas deban aplicarse a súbditos de otro Estado no es correc-
to, aun si tuvieran (y no la tienen) la menor relación con los méritos de mi obra o la
conveniencia de su publicación, de  la que parecen estar satisfechos sin  referencia
alguna a mi Abstammung
(ascendencia, genealogía).

Confío en que encontrarán esta respuesta satisfactoria,
atentamente suyo, 
J.R.R. Tolkien.

 

¡Demos gracias a Dios por el tremendo siervo que obsequió a toda la humanidad!

 

Fuentes:

Carpentier, Humphrey (selección); Cartas de J.R.R. Tolkien; Minotauro, Barcelona, 1993.
 

Repost 0
22 enero 2012 7 22 /01 /enero /2012 19:47

          El Beato Juan Pablo II supo compaginar a lo largo de su extenso pontificado una actividad pastoral y misionera que abarcó tanto las más altas esferas como a los más sencillos y pobres. Respecto a este segundo grupo, baste una pequeña anécdota para explicar su solícita actitud para con ellos. Nos cuenta Miguel Álvarez en su emocionante biografía (El joven que llegó a Papa -hay que tener en cuenta que el autor de la obra acompañó al Papa Wojtila en varios de sus viajes-) sobre Juan Pablo II que el Santo Padre decidió, en acuerdo con la Madre Teresa de Calcuta, establecer un albergue dentro del mismo Vaticano, y al ladito del Aula Pablo VI, lugar en el que se producen las importantes audiencias con las que obsequia el Papa a las más altas personalidades. El 3 de enero de 1988 el Beato Juan Pablo II cenó en dicho albergue con 134 indigentes; tal y como nos relata Álvarez, les dedicó las siguientes palabras:

 

        Quizá algún día Jesús pregunte al Papa: "Tú que has hablado con ministros, presidentes, cardenales y obispos, ¿no has tenido tiempo de encontrarte con los pobres, con los necesitados?" Y entonces, este encuentro resultará más importante que muchos otros.

 

        ¡Qué humanidad la del venerado Beato Juan Pablo II!

 

Fuentes:

Álvarez, Miguel; El joven que llegó a Papa; Casals, Barcelona, 2004.

Repost 0
5 diciembre 2011 1 05 /12 /diciembre /2011 19:58

Echémosle ahora un vistazo a esta tremenda anécdota que se dio a conocer en un programa de televisión estadounidense, en la cadena EWTN. El texto que la narra lo he obtenido de la fantástica página www.corazones.org, que seguro que muchos de ustedes conocéis. Leedla atentamente, porque no tiene desperdicio.

 


Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. ¡Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él¡. Ahora mendigaba por las calles.

El sacerdote, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote de Nueva York que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.

 

http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/papa_mendigo.htm

 

¡Qué hombre tan extraordinario! Verdaderamente el Espíritu Santo actuaba a través suya...

 

 

Repost 0
28 noviembre 2011 1 28 /11 /noviembre /2011 20:35

        Veamos otra gráfica anécdota acerda del Beato Juan Pablo II, narrada esta vez también por Miguel Álvarez Morales en su entretenidísima obra El joven que llegó a Papa.

 

        En el Parque de los Príncipes de París, en su primer viaje francés, se concentraron miles de jóvenes. A la salida del estadio, un muchacho de unos veinte años logró acercarse a él y le gritó:

        -Soy ateo, ¡ayúdeme!

        El Papa se acercó al chico y, tomándolo aparte, le dirigió unas palabras. El caso es que un tiempo después, ya en Roma, Juan Pablo II manifestó a su secretario que sentía cierta preocupación:

        -No sé si he sabido darle la respuesta adecuada a aquel joven de París. Escriba al cardenal a ver si es posible localizarlo.

        Aunque parecía imposible dar con él, a través de algunas organizaciones que colaboraron en aquella magna concentración, y de algunas personas que fueron fotografiadas a la salida del acto, pudieron encontrar al joven ateo.

        -El Papa -le dijeron- ha pedido que te buscáramos. Quiere que sepas que reza por ti y que está preocupado porque le parece que no supo darte la respuesta adecuada a lo que le preguntaste.

        -La verdad es que al salir del acto fui a una librería y compré el Nuevo Testamento. Al abrilo y leer, encontré la respuesta a lo que buscaba. Ahora estoy recibiendo intrucción en la fe católica. Díganle al Papa que pronto recibiré el bautismo.

 

          Pastor de almas...

 

Fuentes:

Álvarez, Miguel; El joven que llegó a Papa; Casals, Barcelona, 2004.

 

Repost 0
14 noviembre 2011 1 14 /11 /noviembre /2011 20:42

        Recordemos algunas anécdotas acerca del beato Juan Pablo II. Algunas veces, estas pequeñas  historias, aparentemente sin importancia ninguna, dicen mucho más de las personas de lo que en un primer momento podríamos pensar.

         Copio la siguiente literalmente del libro de Miguel Álvarez, El joven que llegó a Papa. Juan Pablo II:

         Asistía el cardenal Wojtila a uno de los sínodos de obispos que se celebran en Roma y, al llegar el fin de semana, propuso a otros padres sinodales salir a esquiar.

         - ¿A esquiar dice usted, eminencia? -pregunta uno de ellos.

         - Sí, claro, a esquiar. ¿Es que aquí en Italia los cardenales no esquían? Pues en Polonia el cuarenta por ciento de los cardenales suele hacerlo.

         - ¿Por qué dice usted el cuarenta por ciento? Que sepamos, en Polonia hay tan sólo dos cardenales, Wyszynski y usted.

         - Sí, pero no me negarán que el cardenal Wyszynski vale, por lo menos, un sesenta por ciento.

        

        Hombre de santa humildad y gran sentido del humor... ¡Bendito sea Dios por el regalo que nos hizo con su pontificado, y con su reciente beatificación!

 

Fuentes:

Álvarez, Miguel; El joven que llegó a Papa; Casals, Barcelona, 2004.

Repost 0
7 noviembre 2011 1 07 /11 /noviembre /2011 23:00

     ¿No os habéis preguntado nunca porque el trébol de tres hojas es el símbolo nacional de Irlanda? Pues la respuesta parece estar en el patrón y evangelizador de aquella bendita tierra. Según cuentan, cuando llegó a Irlanda, e intentó explicar a los nativos el misterio de la Santísima Trinidad, pensó cómo podría hacerles comprender tan compleja cuestión; y al parecer, se valió del trébol de tres hojas, que surgían de un mismo tallo.

     ¡Qué sabiduría nos da Dios, si somos humildes! ¡Para mayor gloria suya y el bien de nuestros hermanos!

Repost 0
25 octubre 2011 2 25 /10 /octubre /2011 21:02

        De verdadero nombre Giovanni Bernadone, San Franciso de Asís (Asís, 1181- 1226) está considerado, y con razón, uno de los más grandes santos que ha dado la Iglesia Católica. Llamado Il Francesco -El Francesito- por su trato con el lenguaje de los trovadores (que recordemos, provenían principalmente de la Provenza, en el Sur-Este de Francia), abandonó su licenciosa vida de lujos (era hijo de un rico mercader), y lo dejó todo para dedicarse a los más pobres, y más aún, para renovar a la Iglesia, que en aquellos tiempos había perdido el impulso misionero de antaño, quedándose en cierto sentido anclada en la comodidad que había adquirido en Europa occidental. Fundador de la orden franciscana -los Frailes Menores-, cuya regla fue aprobada verbalmente por Inocencio III (aunque no formalmente hasta el pontificado siguiente de Honorio III, concretamente en el año 1223) sus miembros permanecieron fieles a los tres clásicos votos de pobreza, obediencia y castidad, pero dándole un mayor énfasis si cabe al primero de ellos.

         Siempre en el seno de la Iglesia, su labor (junto a la de los dominicos fundados por Santo Domingo -ambas comunidades eran parte de las llamadas órdenes mendicantes) supuso una auténtica revolución en el mundo cristiano; pero eso sí, ojo, siempre dentro de la comunión católica, sin la cual es imposible de comprender el mensaje del santo de Asís. Tenemos varios testimonios que muestran claramente cómo la figura de San Francisco fue considerada un auténtico renacer de la vitalidad espiritual de la Iglesia Católica, que como ya hemos dicho, no andaba por su mejor momento a principios del siglo XIII.

         En primer lugar, veamos el famoso sueño de Inocencio III, que antes de aprobar verbalmente la regla franciscana vio como se derrumbaba la Basílica de San Juan de Letrán (sede del papado en la Edad Media), y un hombre, que luego identificaría como Francisco de Asís, la sostenía para que no cayera. La simbología está más que clara: el Santo de Asís conseguiría mentener en pie el edificio de la Iglesia Católica.

        Por otra parte, tenemos el caso de la Divinia Comedia, en el que el poeta italiano Dante Alighieri (1265-1321) pone en boca de Santo Tomás de Aquino los siguientes versos acerca del fraile de Asís (Paraíso, XI, vv. 49-51).:

 

Por donde esta ladera disminuye

su pendiente, nacióle un sol al mundo,

como hace a veces este sobre el Ganges.

 

        Este sol que le nace al mundo no es ni más ni menos que San Francisco. Dante hará también una defensa de la figura de Santo Domingo, el otro pilar fundamental de la reforma de las órdenes mendicantes; pero creo que estas palabras del poeta italiano comparándolo con el sol, teniendo en cuenta lo que el sol simbolizaba normalmente en la iconografía cristiana -el mismo Cristo-, son más que significativas. Y es que como Benedicto XVI nos recordó en una de sus audiencias, el santo de Asís era considerado una especia de alter Christus, ya que vivió en sus propias carnes incluso los estigmas de las heridas de Cristo.

         ¿Pero por qué este impacto de la figura de San Francisco?

          Desde el año 1000 aproximadamente, tras la disminución de las incursiones vikingas, y con un aumento general de las temperaturas, muchas tierras antes nada aprovechadas, pasan ahora a cultivarse exitosamente; se empizan a utilizar nuevas técnicas agricultoras... Se producirá un aumento fuerte de la población, y el mundo rural cederá importancia (aunque no tanto como se creía) ante el mundo urbano. En resumen, habrá un auge económico general. Pero poco a poco, va naciendo en buena parte del pueblo la sensación de que la Iglesia necesita vivir más profundamente el precepto de pobreza evangélica, y dejar atrás corrupciones como las de la simonía. Así, surgen muchos movimientos que apostaban por una espiritualidad más fuerte en el seno de la Iglesia, como es el caso de los Valdenses, cuyos orígenes se encontraban en Pedro Valdo, comerciante lyonés que predicó el valor de la pobreza de forma incansable. O el caso de la Pataria, en Milán, en pleno siglo XI: en este caso se trataba de un movimiento popular que abogaba por el abandono de la corrupción entre los eclesiásticos. Tal y como explica el historiador Emilio Mitre, estos movimientos no eran mal vistos en un principio por la Santa Sede; pero ya fuera por la introducción de elementos heréticos, o por conflictos con la jerarquía, terminaron siendo condenados. Es aquí donde entran las órdenes mendicantes: defensoras a ultranza de la pobreza evangélica, comprendieron que su labor tenía que realzarse en plena comunión con Roma, con la Iglesia Católica. Consistía en reconducirla, no en romper con ella. He ahí la importancia de San Francisco de Asís; vivió al extremo los profundos anhelos de la humanidad, y siempre dentro de la Iglesia. Si a esto le sumamos que el monaquismo tal y como se conocía hasta entonces (el monacato benedictino, que había conseguido construir Europa, y mantener su cultura) había cumplido ya su misión en un mundo eminentemente rural, y que el nuevo mundo urbano que iba abriéndose paso necesitaba unas comunidades mucho más dinámicas, no "atadas" a un edificio religioso, sino dispuestas a estar aquí o allá, predicando en las ciudades, comprenderemos el por qué del éxito de las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos especialmente, aunque también carmelitas, agustinos...). No olvidemos por ejemplo la gran labor que realizó la orden del Cister (con San Bernardo), partidaria clara del voto de pobreza -al contrario de la deriva hacia la que Cluny se había dirigido-, pero que ejercían su tarea en centros apartados de la vida urbana.

          Pero fue tan fuerte la sensación que causó San Francisco entre sus aquellos hombres, que incluso surgió un movimiento erróneo en el seno de la orden, el de los franciscanos espirituales. Éstos, basándose en el pensamiento de Joaquín de Fiore, milenarista cisterciense de fines del XII, se decantaron por una espiritualidad que no era practicable en este mundo, y que rompía con la jerarquía eclesiástica, legitimamente heredera de Pedro y los Apóstoles. No olvidemos que Joaquín de Fiore creía que tras la Edad del Padre (Antiguo Testamento), había llegado la Edad del Hijo (Nuevo Testamento), pero que ésta también debía ser superada por la Edad del Espíritu, que él pensaba llegaría de manos de un nuevo monaquismo. Todas estas teorías hicieron pensar a muchos que con San Francisco comenzaba una nueva etapa. Gracias a Dios, San Buenaventura, el gran teólogo escolástico, y poco después de la muerte de San Francisco "gobernador" de la orden (1257-1274), comprendió que la misma no podría sobrevivir de aquella manera, y que el mismo Francisco había deseado siempre permanecer en plena comunión con la Iglesia real, la establecida, la jerárquica. Así, aún reconociendo que el Espíritu seguía soplando en su Iglesia, y renovándola, con figuras como la del fundador de Asís, que ciertamente había constituido un jalón importante en la historia del Cristianismo, dejó claro que era siempre el mismo Dios, el Dios encarnado, Cristo,  el que actuaba en el devenir humano, ya fuera con los padres de la Iglesia, ya fuera con los grandes personajes donados por el Espíritu en los tiempos que a él le tocó vivir. En definitivacon Cristo llegó la redención de una vez por todas, aunque Él siguiera actuando en el presente de su Iglesia, con figuras tales como la del Poverello.

 

Fuentes:

Claramunt, Salvador, Portela, Ermelindo, González, Manuel y Mitre, Emilio; Historia de la Edad Media; Ariel, Barcelona, 1999.

Esparza, José Javier y Esolen, Anthony; Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental; Ciudadela, Madrid, 2009. 

Benedicto XVI; Audiencia General, Miércoles, 10 de marzo de 2010; www.vatican.va.

Alighieri, Dante; Divina Comedia; Cátedra, Madrid, 2007.

 

        

Repost 0
12 septiembre 2011 1 12 /09 /septiembre /2011 21:24

Para estudiar el tema de cómo san Agustín trata la percepción de la verdad, debemos mencionar la llamada teoría de la iluminación. A pesar de que en dicha teoría elaborada por el santo encontramos elementos platónicos y neoplatónicos, siguiendo el esquema del filósofo Plotino (siglo III), que establecía una analogía entre Dios y el sol de lo inteligible, volvemos a  hallar aspectos de la cristianización realizada por el obispo hiponense: para él este Sol es la Luz divina del Dios cristiano, que alumbra la razón humana cuando ésta busca las verdades eternas o ideas: “Las ideas son las formas principales, las razones estables e invariables de las cosas, que en sí mismas son no "formatas", y por eso son eternas, siempre permaneciendo de un mismo modo en el divino entendimiento. No nacen ni mueren, sino que según ellas se forman todas las cosas que pueden nacer o existir y las que en realidad nacen y perecen. No toda alma, sino el alma racional las puede intuir con aquella parte más excelente que tiene y que se llama mente o razón, como con una especie de ojo o vista interior e inteligible. Aún más, esta intuición de las ideas no las logra un alma racional cualquiera, sino el alma pura y santa, que tiene una vista sincera, serena, sana y semejante a las cosas que intuye en su inteligibilidad” (De diversis quaestionibus octoginta tribus; q.46). Podemos ver que el sabor platónico es evidente, pero siempre dentro de la doctrina católica.[1]

Por otra parte, en la cita textual que hemos transcrito en el párrafo anterior, queda claro que san Agustín se centraba en el conocimiento de lo eterno, de las ideas, ya que ahí radicaba la verdadera sabiduría o ratio superior. Para ser más específicos, podemos afirmar que establece tres estratos en el conocimiento. En primer lugar estaría la sensación, poseída tanto por los hombres como por los animales; en segundo lugar, la ratio inferior, que es conocimiento racional, pero enfocado a la acción: se captan los objetos materiales con los sentidos, pero la mente trabaja sobre ellos a partir de los modelos eternos o ideas; y finalmente, en el tercero, está la contemplación de las verdades eternas, sin intervención de la sensación: esta sería la ratio superior.[2]

Pero no sólo esto se puede deducir del texto antes reproducido. Aún más, esta intuición de las ideas no las logra un alma racional cualquiera, sin el alma pura y santa”. Para san Agustín, la razón más alta no podrá alcanzar su objetivo, la Verdad última, Dios mismo, si no se ve auxiliada por la gracia que otorga las virtudes teologales, fe esperanza y caridad.[3] He ahí su polémica con Pelagio: el hombre, tocado por el pecado original, es incapaz de lograr la santidad sin la gracia.



[1] Cf Ferrer Santos, U.-Román Ortíz, Á. D., San Agustín de Hipona, en Fernández Labastida, F. Mercado, J. A. (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL: http://www.philosophica.info/archivo/20102008/voces/agustin/Agustin.html.

[2] Cf Ibid.

[3] Cf Ibid.

Repost 0
8 julio 2011 5 08 /07 /julio /2011 20:21

       Mañana, lunes 11 de julio, celebramos la fiesta del santo italiano Benito de Nursia (Nursia, 480-Montecasino, 547), Patrón de Europa. Este humilde cristiano es, junto a San Agustín, el padre del monacato occidental. Con su famosa Regla, y la fundación de la orden benedictina, San Benito puso los cimientos para el establecimiento de toda una red de monasterios que poblaron las vastas tierras europeas, articulando el esqueleto de la cultura medieval cristiana, por lo que su título de Patrón de Europa está más que ganado.

      No fue el inventor del monacato, que duda cabe: ahí tenemos la regla de San Agustín y la remodelación que hizo San Basilio de otras existentes (siglos IV y V el primero, el segundo siglo IV ). Pero él extendió el fenómeno a través de su Regla, y en una época en la que la caída definitiva del Imperio Romano estaba aún latente, en la que el caos campaba a sus anchas, y los reinos occidentales estaban en pleno proceso de formación tras la síntesis producida entre mundo latino y los pueblos bárbaros, consiguió salvar la civilización cristiana occidental. Con sus sencillas normas (tal vez a nuestros ojos no tanto, pero sí para aquella época) consiguió encauzar la vida de muchísimas almas cristianas que andaban perdidas en unos tiempos tan convulsos. El lema ora et labora, que siguiendo toda la línea anterior cristiana defendía la dignidad del ganarse la vida con las propias manos (recordemos cómo sobrevivía San Pablo), abogaba por una unión entre espiritualidad y "materialidad": estar apartados del mundo para perfecciónarse en el camino hacia Dios, sí, pero sin llegar nunca a una separación espiritual, ya que como hombres del mundo que eran, debían estar en comunión con todos sus hermanos: por ello debían trabajar por el bien de la comunidad.

     Que San Benito, Patrón de Europa,  interceda por los cristianos de este viejo continente, de forma que en estos tiempos tan caóticos no olviden tampoco de donde vienen, sabiendo así la meta a la que dirigirse: la Jerusalén celestial.

Repost 0
10 junio 2011 5 10 /06 /junio /2011 22:35

        Pocos somos los españoles que conocen a esta insigne figura de la Filosofía Española e incluso universal. ¡Quién no ha oído hablar de Kant, de Hegel o incluso de Marx! Pero nosotros, con nuestra peculiar manía de subestimar lo autóctono, buscamos siempre fuera lo que no pocas veces tenemos dentro.

        Y es que Jaime Balmes, sacerdote español del siglo XIX (1810-1848), es un autor de primer nivel en la Historia de la Filosofía; ¡y además se le entiende fácilmente! A él se refirió el Santo Padre Pío XII como luminar de la ciencia eclesiástica (Discurso a los superiores y alumnos del Colegio Pontificio Español de Roma con motivo de los 50 años de su fundación, el 8 de julio de 1943)Se enfrentó en España a las corrientes del Krausismo y del Neokantianismo, y criticó tanto al Empirismo que no aceptaba el Principio de Causalidad (esencial para plantearnos la Metafísica y los principios primeros de la existencia) como al Racionalismo que hacía dudar de todo y sólo consideraba válidas los conocimientos producidos directamente por la razón: no se puede dudar de todo, decía. Vemos cómo se alejó de la doctrina de la Duda Universal de Descartes, que aunque gran filósofo, erró al llevar la inseguridad en la posibilidad de un conocimiento verdadero tan lejos.

        ¿Cómo no encontrar en el desprecio a las teorías de Balmes unos prejuicios anacrónicos, aparecidos a raíz de la Ilustración y sobre todo a partir del siglo XIX, contra todo lo que "huela" a Iglesia?

        Su principal obra fue El Criterio, aunque como autor prolífico nos dejó un sinfin de trabajos: acerca del Protestantismo y la Civilización Occidental, sobre la Iglesia en España, respecto a cómo enseñar religión a los niños...

Repost 0

Présentation

  • : El blog de inhocsignovinces.over-blog.es
  • El blog de inhocsignovinces.over-blog.es
  • : Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
  • Contacto

Recherche

Liens