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6 octubre 2013 7 06 /10 /octubre /2013 20:54

          Muchos autores, como Goodenough, Bans o Baron,  pensaban que la corona había sido introducido en el Judaísmo por influencia helenística. Pero hay investigadores que no son de la misma opinión, entre los cuales se encuentra el gran Jean Daniélou, además de Harald Riesenfeld, Jacques Dupont o Isaac Abraham, para los cuales (al menos para los tres últimos) la corona tendría un origen judío. Este origen habría que buscarlo en la fiesta de los Tabernáculos, que coincidía con la vendimia (septiembre). Esta celebración, en un primer lugar, como ocurre con el resto de fiestas judías, tenía un origen natural, relacionado con el ciclo de las estaciones: se permanecía durante siete días en cabañas construidas con ramas, se hacían libaciones de agua con el fin de favorecer la lluvia, y al octavo día, se realizaba una procesión alrededor del altar, portando en una mano un ramo (lulab) de sauce, mirto y palma, y en la otra mano el etrog, un fruto del limonero. Después esta fiesta se convirtió en memorial de un hecho que habia ocurrido en la Historia del Pueblo de Israel: la estancia en las tiendas (sukkoth) durante el exilio del Éxodo en el desierto. Y como en el resto de las fiestas, la de los Tabernáculos terminaría adquiriendo pleno sentido mesiánico y escatológico. Hay que tener en cuenta que Isaías 32, 18, nos muestra la vida de los justos en el reino mesiánico dentro de "cabañas de paz".

           Pues bien, está constatado tanto por fuentes paganas (Tácito) como judías (Jubileos) el uso de coronas en la procesión alrededor del altar que se llevaba a cabo el octavo día de la fiesta de los Tabernáculos. Y he aquí que textos judeocristianos como las Odas de Salomón o el Testamento de Leví, parecen indicar que en el Bautismo de los nuevos cristianos se les imponía una corona: es símbolo de la esperanza en la inmortalidad. Algo así vemos en Apocalipsis 2, 10: Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. Para cerrar el círculo, autores como J. Comblin han querido ver en el Apocalipsis de San Juan abundantes referencias a la fiesta de los Tabernáculos, con su significación mesiánico/escatológica.

            ¿Interesante, no? ¿A ti no te pone los pelos de punta descubrir las prácticas litúrgicas y rituales de nuestros primeros padres cristianos?

 

Fuentes:
Daniélou, Jean; Los símbolos cristianos primitivos; Ediciones EGA, Bilbao, 1993.

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20 septiembre 2013 5 20 /09 /septiembre /2013 22:22

     ¿Conoces el legado de la Diócesis de Málaga a la Iglesia Universal? Es mayor del que te puedas imaginar en un principio. Pronto lo conocerás... 

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6 septiembre 2013 5 06 /09 /septiembre /2013 01:38

       Aún recuerdo cuando mi abuela me comentaba cómo en sus años de juventud había quienes durante la Cuaresma quedaban exentos de practicar el ayuno y la abstinencia mediante la compra de una bula. Este privilegio era característico de España, y permaneció vigente hasta 1966. ¿Pero dónde se encuentra el origen de este hecho? Pues hay que retrotraerse a la Reconquista española. En 1064, el Papa Alejandro II transformó la lucha contra el infiel de la Península Ibérica en cruzada, mediante la bula "Eos qui in Ispaniam", en la que se otorgaba indulgencia plenaria a todos los que la emprendieran. Estas indulgencias se irían renovando. Por ejemplo, ya en los albores de la Reconquista, en 1479, Sixto IV otorga una nueva bula para favorecer la conquista del Reino de Granada. Poco después, en 1482, el mismo Papa Sixto IV, entrega una nueva bula, de Cruzada, con el mismo fin; las gracias concedidas no iban a parar sólo a los que comabatían directamente, sino también a los que colaboraban en la empresa militar mediante una limosna.

            Lo que ocurrió fue que estas bulas, poco a poco, fueron convirtiéndose en auténticas fuentes de ingreso para el estado. Si a esto añadimos que cuando las guerras contra los infieles van decayendo, la bula ya no tenía mucho sentido en sí misma, no debe extrañarnos que entre los años 1849-1851, España y la Santa Sede llegaran al acuerdo siguiente: las recaudaciones producidas gracias a la venta de la Bula de Cruzada dejarían de ser un recurso estatal, para convertirse en un modo de beneficencia eclesiástica.  Pero ahí permanecieron las gracias otorgadas por quien adquiría la Bula de Cruzada; priviliegios entre los que se hallaba el verse libre de practicar ayuno y abstinencia. Sería Pablo VI, en 1966, quien mediante la Constitución Apostólica Paenitemini, reformaba la disciplina eclesiástica de la penitencia, derogando todos los privilegios existentes en materia de ayuno y abstinencia.

¡Conozcamos la maravillosa historia de la Madre Iglesia! Y si encima está relacionada con nuestra patria...

Fuentes:

  • Andrés Gallego, José (ed.); Historia General de España y América; Ediciones Rialp, 1982.
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27 agosto 2013 2 27 /08 /agosto /2013 21:23

      Ya dediqué en su día un artículo sobre la relación directísima entre Cristianismo y alegría. Voy a incidir hoy en el tema, pero centrándome en la figura de Friedrich Nietzsche (1844-1900), filósofo alemán que proclamó a los cuatro vientos la muerte de Dios, en favor del hombre, y que tanto criticó la visión cristiana del amor, que le parecía aburrida, y un freno a la libertad del ser humano. Aquí se equivocaba, como en tantas otras cosas, Nietzsche. Cierto es que el Cristianismo defendía un concepto de amor (ágape) mucho más serio que el de eros, imperante en la Antigüedad, que era sinónimo de desenfreno; pero este cambio de visión, al contrario de lo que opinaba el filósofo ateo, no significó un menoscabo a la capacidad de amar del hombre, sino que al vincularla de forma plena con Dios, le devolvió su auténtico significado, la hizo más responsable, y le permitió, por medio de la gracia, llegar hasta el extremo, hasta la entrega completa por el otro, como el mismo Dios había hecho viniendo al mundo para la salvación del hombre. El amor fue elevando hacia lo alto, no reducido.

       Es curioso que el autor teutón, al que los cristianos le parecíamos tan sumisos, tan faltos de libertad, y portadores de un amor que dejaba "lo mejor" de lado, declarara en su juventud a su hermana Elisabeth que la fe era camino seguro de felicidad (aún dentro de la crítica que realizaba a la vez a la religión): Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero, si quieres ser discípulo de la verdad, indaga.

       ¡Hijo de la Iglesia, no olvides nunca ser feliz, que Cristo dio su vida especialmente por ti! ¡Te parece poco motivo!

 

Fuentes:

  • Francisco, Papa; Carta Encíclica Lumen Fidei. Sobre la Fe. Ediciones Palabra, Madrid, 2013.
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31 julio 2013 3 31 /07 /julio /2013 22:34

       El famoso monte Carmelo ha sido a lo largo de la Historia lugar de culto para muchos pueblos: los fenicios adoraban al dios Baal, los sirios adoraban a otra divinidad, y los mismos romanos rendían culto a Zeus. Aparte, evidentemente, de la tradición que para el Judaísmo guarda el lugar. Allí actuaron Elías, como en el famoso pasaje en que Dios mostró a todos los profetas de Baal que sólo Él era auténtico, al hacer bajar fuego del cielo para consumir a una víctima sacrificada (1Re 18, 21-40), y Eliseo. Para el Cristianismo, por tanto, también es lugar de culto, sustituyendo a Zeus por San Elías. Allí han vivido multitud de eremitas, y allí está la sede original de la Orden del Carmelo -carmelitas-, fundada en el siglo XII, y a la cual San Alberto Avogadro, Patriarca de Jerusalén, y San Brocardo, realizaron la regla en 1207. No olvidar que dicha orden está dedicada a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

         Pero traemos a colación el tema por un hecho histórico muy curioso. Lógicamente, para los judíos la figura de Elías es importantísima, como uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento -Biblia Hebrea- que es. Tal vez sean menos los que conozcan que también los musulmanes guardan un gran respeto a esa figura, a la que llaman el Kadher (el Vidente). Ahora bien; seguro que casi nadie conoce que en el siglo XVIII cristianos, judíos y musulmanes se reunían en aquel monte para rendir homenaje a Elías en su fiesta... ¡pero juntos! Creo, aunque no lo puedo asegurar, que aún hoy día se sigue celebrando esa fiesta, el 20 de julio, día de San Elías.

         ¡Un auténtico enlace de unión entre cristianos, judíos y musulmanes!

Fuentes:

  • Cabezón, Agripino, O.F.M.; Filatelia Bíblica. El monte Carmelo, en Tierra Santa. La Revista de los Santos Lugares; Custodia franciscana de Tierra Santa, Jerusalén, nº. 732, mayo-junio 1998.
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5 mayo 2013 7 05 /05 /mayo /2013 22:25

      En la segunda mitad del siglo XIX adquiere forma definitiva la herejía llamada Modernismo, que en palabras del teólogo José María Iraburu se trataba de una síntesis de protestantismo liberal, Ilustración, positivismo, naturalismo, liberalismo, exégesis crítica, historicismo, evolucionismo. No era la primera vez que la Madre Iglesia tenía que hacer frente a los envites de una herejía, desde luego; el problema era que ésta había echado auténticas raíces en el seno de la misma Barca de Pedro. Así lo veía San Pío X, que en su Encíclica Pascendi, escrita en 1907 para atajar al Modernismo, aseveraba: 

Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados (Pascendi, 1).

       ¿Pero qué era (y es) verdaderamente el Modernismo? ¿Cuál era el contenido doctrinal heterodoxo que exactamente propugnaba esta herejía? Pues lo cierto es que, al menos en un principio, y siguiendo las palabras del historiador Roger Aubert, el Modernismo no presentaba unos enunciados doctrinales exactamente determinados. Más bien se trataba de una tendencia de personajes católicos que deseaban "actualizar" a la Iglesia ante los nuevos tiempos que corrían -con el peligro que esta actitud conlleva para la salud de la misma-. Igual nos encontrábamos con un exegeta bíblico que creía que el contenido de las Sagradas Escrituras debía re-analizarse (y "desmitificarse") a partir de los nuevos métodos de investigación histórica, que con unos políticos católicos que abogaban por una acción  separada del mando eclesiástico. Como vemos, algunas de estas reivindicaciones eran justas y necesarias; pero no siempre se realizaron con mesura. Por ejemplo: algunos teólogos llevaron a cabo una gran labor de exégesis bíblica, que ayudó a avanzar en la investigación de las Sagradas Escrituras y del hecho religioso en general. El problema -y por tanto la herejía- estribaba en que algunos autores católicos (ése era y es el auténtico mal del Modernismo) llegaron a poner en duda verdades de la fe debido a un uso incorrecto de la nueva crítica bíblica. Así, nos encontramos un caso paradigmático, el del sacerdote y exegeta galo Alfred Loisy (1857-1940), que llevó a tal extremo esta tendencia "racionalista" que incluso llegó a afirmar que el estudioso de las Sagradas Escrituras debía dejar a un lado el "supuesto" carácter sobrenatural de las mismas. Evidentemente, esta actitud es adecuada para determinado tipo de análisis del Libro Sagrado; pero un católico no debe perder nunca de vista que Dios está detrás de toda la Biblia, por lo que decimos correctamente que es Palabra de Dios. A esto añadimos que Loisy llegó a afirmar en su obra L'Évangile et l'Église que los dogmas no son verdades caídas del cielo, sino que como él mismo diría, eran conceptos que podían evolucionar, y por tanto, susceptibles de ser estudiados en este desarrollo; así puestos queda clara la confrontación con la Verdad que la Iglesia Católica defiende. Por no hablar de sus dudas acerca de la divinidad de Cristo, y de la intencionalidad del Salvador a la hora de fundar la Iglesia; intencionalidad que él negaba (Vicente Cárcel Ortí, Historia de la Iglesia, III. La Iglesia en la Época Contemporánea). Así puestos, a nadie le debe extrañar que en 1908 el sacerdote francés fuera excomulgado. 

        En esta misma línea de Modernismo racionalista a la hora de realizar un análisis histórico-crítico de la Biblia y la doctrina católica debemos incluir al exjesuita irlandés Georges Tyrrell (1861-1909), que influenciado por autores como el mismo Loisy, interpretaba los dogmas como intentos racionales del ser humano para lograr encauzar el instinto de lo divino resindente en su interior. Aún así, lo peor es que discípulos suyos llegaron todavía mucho más lejos.

        Podría parecer que la Iglesia Católica no estaba a favor del creciente interés que había nacido ya hacía unos años respecto al estudio de las Sagradas Escrituras; pero esto no es así. Es cierto que vio aquél movimiento con recelo (¿pero acaso no con motivo, visto lo que hemos visto en los párrafos anteriores?), pero no menos verdad es que ya con la Encíclia Providentissimus, de 1893, León XIII había promovido el estudio científico de la Biblia, pero siempre, claro está, dentro de la ortodoxia. No hay que olvidar a este respecto la labor que realizó el Santo Padre para que la figura de Santo Tomás de Aquino volviera a un primer plano. El propio León XIII daría otro paso más en la misma línea, nueve años después, en 1902, con la Carta Apostólica Vigilantiae, mediante la cual constituía la Pontificia Comisión Bíblica.  

          Posteriormente, el 7 de mayo de 1909 San Pío X fundó el Pontificio Instituto Bíblico con el mismo objetivo. Otros hitos en este deseo de la Iglesia Católica de profundizar en el estudio histórico-crítico de las Sagradas Escrituras, pero siempre fiel al Magisterio de la Iglesia, a la Tradición Apostólica y al carácter sobrenatural de la Revelación, es la Encíclica Divino Afflante Spiritu de Pío XII (1943), y la Constitución Dogmática  Dei Verbum (1965), nacida como todos sabemos del seno del Concilio Vaticano II.

         Adelantábamos anteriormente, al comentar el caso del exegeta Georges Tyrrell, lo que sería una constante en el pensamiento filosófico de los modernistas más marcados: el dogma católico, como todo hecho religioso, no provenía de una revelación sobrenatural exterior, sino que era más bien la respuesta emitida por el hombre ante el impulso divino sentido dentro de síEs lo que Roger Aubert llama apologética de la inmanencia. También fue este punto muy criticado por la Encíclica Pascendi; en ella, San Pío X aseveraba: 

En consecuencia, el sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá. Oscuro y casi informe en un principio, tal sentimiento, poco a poco y bajo el influjo oculto de aquel arcano principio que lo produjo, se robusteció a la par del progreso de la vida humana, de la que es —ya lo dijimos— una de sus formas. Tenemos así explicado el origen de toda relígión, aun de la sobrenatural: no son sino aquel puro desarrollo del sentimiento religioso. Y nadie piense que la católica quedará exceptuada: queda al nivel de las demás en todo. Tuvo su origen en la conciencia de Cristo, varón de privilegiadísima naturaleza, cual jamás hubo ni habrá, en virtud del desarrollo de la inmanencia vital, y no de otra manera.

¡Estupor causa oír tan gran atrevimiento en hacer tales afirmaciones, tamaña blasfemia! ¡Y, sin embargo, venerables hermanos, no son los incrédulos sólo los que tan atrevidamente hablan así; católicos hay, más aún, muchos entre los sacerdotes, que claramente publican tales cosas y tales delirios presumen restaurar la Iglesia! No se trata ya del antiguo error que ponía en la naturaleza humana cierto derecho al orden sobrenatural. Se ha ido mucho más adelante, a saber: hasta afirmar que nuestra santísima religión, lo mismo en Cristo que en nosotros, es un fruto propio y espontáneo de la naturaleza. Nada, en verdad, más propio para destruir todo el orden sobrenatural (Pascendi, 8).

        También en el campo social y político se dejó notar el Modernismo, sobre todo en Italia. Nos recuerda Roger Aubert que alrededor del sacerdote Romolo Murri se reunió un grupo de personas que quisieron realizar una labor política inspirada en los principios cristiano-demócratas, pero sin tener que rendir cuentas a la jerarquía eclesiástica. Otra iniciativa de parecidos tintes, nos sigue contando Aubert, fue la de la revista Il Rinnovamento, fundada por jóvenes católicos laicos en Milán, con la intención de expandir el pensamiento liberal en materia política y religiosa.

           Por desgracia, el Modernismo en sus distintas facetas (que ya vimos que eran variadas y numerosas) realizó en algo más de un siglo de existencia destrozos considerables. Pero no es algo del pasado de lo que ya no debamos preocuparnos si no es para hacer un análisis histórico. Al contrario, la herejía modernista sigue totalmente vigente: ¿quién, lamentablemente, no conoce a algún seglar, teólogo, religioso, o aún peor, sacerdote, que niegue la historicidad de la Resurrección de Cristo, dejándola en mera experiencia de fe?; ¿quién no ha escuchado comentarios del tipo "los milagros narrados en los Evangelios constituyen un género literario", o aquél otro de "la Iglesia tiene que adaptarse a los nuevos tiempos"?

           Un claro ejemplo de la extensión  que tuvo (y tiene) en el tiempo el Modernismo es el caso de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI -1968-, y todos los sucesos que la rodearon. Como todos sabréis, dicha Encíclica prohibía a los católicos el uso de los anticonceptivos, siendo así fiel a toda la tradición doctrinal de la Iglesia. El sacerdote y doctor en Teología Miguel Ángel Fuentes nos cuenta cómo en tiempos de Juan XXIII se constituyó una Comisión para tratar el tema; Comisión que en la mayoría de sus miembros era paratidaria de la relajación del Magisterio hacia la anticoncepción. Existía la creencia generalizada de que la Iglesia iba a permitir el uso de dichos métodos anticonceptivos; y entonces, traca: Pablo VI publica la Humanae Vitae, y se lía la de San Quintín. Nunca se hablará lo suficiente acerca del sufrimiento injusto que las interpretaciones de esta Encíclica causó al Santo Padre; todo por permanecer fiel a la sana doctrina tradicional de la Esposa de Cristo. 

             Las reacciones no se hicieron esperar: un grupo de 87 teólogos estadounidenses, tan sólo dos días después de publicarse la Humanae Vitae, acusaron infundadamente a Pablo VI  de oponerse al Concilio Vaticano II; por otra parte, el famoso teólogo jesuita Karl Rahner (1904-1984) -que dicho sea de paso, tan buena "prensa" tiene-, alentó a los fieles católicos a desobedecer el contenido de la Encíclica.  Y hubo más ejemplos de estas reacciones contrarias a la Humanae Vitae...  todas surgidas del pensamiento modernista.

               Para terminar este artículo, no puedo más que hacer mía la reflexión del historiador Aubert acerca de las pretensiones del Modernismo para con la Iglesia Católica, de cara a un acomodamiento de ésta al mundo secular que la rodea: De esta manera se esperaba conservar o recuperar a los hombres para la Iglesia, no teniendo en cuenta que, bajo el pretexto de acomodación de la Iglesia a la situación del tiempo, se corría el peligro de olvidar que eran más bien las aspiraciones del presente las que debían acomodarse a las exigencias del espíritu cristiano.

 

Fuentes:

  • Cárcel Ortí, Vicente; Historia de la Iglesia, III. La Iglesia en la Época Contemporánea; Ediciones Palabra, Madrid, 2009.
  • San Pío X; Carta Encíclica Pascendi; www.vatican.va .   

 

 


 

 

 

 


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11 abril 2013 4 11 /04 /abril /2013 01:29

          Existe una preciosa leyenda que entronca con el tema de la Sábana Santa (aunque el asunto de la Síndone deberemos dejarlo para otro artículo, con el permiso de vosotros, queridos lectores), y es la de la supuesta correspondencia entre Abgar, Rey de Edesa, y Nuestro Señor Jesucristo. 

             Siguiendo el trabajo de Mark Guscin (licenciado en Filología Clásica y con un Máster en Latín Medieval, además de ser miembro del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología -EDICES-), podemos decir que la leyenda ya existía con seguridad en los siglos III y IV. En resumidas cuentas, la historia sería la siguiente: el rey Abgar de Edesa, teniendo noticias acerca de Cristo, le envía una carta pidiéndole que visite su tierra para curarle una enfermedad de la piel, ofreciéndole a cambio protección frente a los judíos que querían verlo muerto. A su vez, Cristo le contesta con otra carta, en la que le comunica que no puede acudir a Edesa, debido a que tiene que cumplir su misión, pero que enviará a un discípulo para sanarlo. Como hemos dicho, la leyenda es antiquísima y sabemos que ya existía en los siglos III y IV; posteriormente, cuando la llamada Imagen de Edesa aparece (que posiblemente sea la mismísima Sábana Santa, pero eso, como mencioné anteriormente, es otra historia) en el siglo VI, se introduce en la narración la siguiente novedad: la curación se realizaría mediante dicha Imagen, que sería trasladada desde Tierra Santa a Edesa. 

           Sabemos que ciertamente hubo un Rey en Edesa en aqueños años, que gobernó más concretamente entre el 4 a.C.-7 d.C., y posteriormente entre el 13 y el 50 d.C. Al parecer, tenía el sobrenombre de Ukkama o Uchama, que viene a significar "el Negro", probablemente por alusión a la enfermedad de piel que presentaba. También es un hecho cierto que a finales del siglo II el Cristianismo ya había aparecido en Edesa. Todo los demás datos presentados por la leyenda son de escasa credibilidad, por muy bellos que nos puedan parecer.

           Siguiendo a Mark Guscin, podemos afirmar que el historiador cristiano Eusebio de Cesarea, que vivió a caballo entre los siglos III y IV, menciona la historia de Abgar, e incluso no ofrece un fragmento de la carta del Rey de Edesa a Jesús, el cual aquí presento: 

           Abgar Uchama a Jesús, que ha aparecido como salvador en la región de Jerusalén -saludos. Me he enterado de ti y de tus curaciones, que efectúas sin drogas ni hierbas. Si lo que oigo es cierto, haces que los ciegos recuperen la vista, que los cojos anden bien, curas a los leprosos, expulsas a los demonios y a los espíritus inmundos, curas a los que sufren enfermedades crónicas y dolorosas y resucitas a los muertos. Cuando me enteré de todo eso, llegué a la conclusión de que o bien eres Dios que ha bajado del cielo para hacer estas cosas, o bien eres el hijo de Dios que las hace. Por lo tanto te escribo para rogarte que vengas, sea como sea, para curar mi enfermedad. Entiendo también que los judíos te menosprecian y desean hacerte daño; mi ciudad es pequeña, pero muy respetada, adecuada para ambos.

            Y sigue contándonos Guscin que según la leyenda, Jesucristo contestó a su vez a Abgar con las siguientes palabras: 

            Bendito seas, que has creído en mí sin haberme visto. Está escrito que los que me hayan visto no creerán en mí pero los que no me hayan visto creerán y vivirán. En cuanto a tu petición de ir a ti, tengo que completar mi misión aquí y al completarla debo enseguida volver al que me envió. Cuando suceda esto, te enviaré uno de mis discípulos para curar tu enfermedad y llevar la vida tanto a ti como a los tuyos.

           Por su parte, la monja hispana Egeria, que peregrinó a Tierra Santa a fines del siglo IV, nos cuenta en su diario conservado parcialmente, que visitó Edesa y la obsequiaron con una copia de las cartas, reconociendo que aquella versión era más extensa que la conocida en su tierra. De aquí se deduce, por tanto, que existían ya por aquel entonces varias versiones del texto de las cartas.

           Nótese también, que ninguno de los dos autores, ni Eusebio ni Egeria, mencionan la Imagen de Edesa.

               

           ¡Bendito sea Cristo Nuestro Señor, que padeció por nosotros para sanarnos!   

 


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9 marzo 2013 6 09 /03 /marzo /2013 23:03

            Una curiosidad histórica: los obispos de la diócesis valenciano-catalana de Tortosa tienen el derecho de usar el solideo rojo que portan los que poseen la dignidad cardenalicia. ¿A qué se debe este privilegio? La dignidad procede de tiempos del Papa Adriado VI. Nacido en Utrecht en 1459 y muerto en Roma en 1523, este sacerdote fue antes que Papa (1522-1523 -tan sólo un año como Sumo Pontífice) cardenal y obispo de Tortosa; por este motivo, cuando accedió al trono de Pedro, concedió este derecho a los prelados de dicha antiquísima diócesis. 

        A parte de este dato más o menos anecdótico, no estaría de más recordar que Adriano fue el tutor del Emperador Carlos V, Inquisidor General en Castilla y Aragón, y regente de Castilla cuando Carlos tuvo que dejar nuestro país para procurarse el apoyo de los príncipes alemanes de cara a la elección del nuevo Emperador. Fue, a más inri, el último Papa no italiano hasta tiempos de Juan Pablo II. 

           ¿No son maravillosas la tradiciones de nuestra fe?

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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 22:20

     Curiosamente, el término sambenito, que alude a esa especie de túnica que vestían los que eran juzgados culpables por la Inquisición, no tiene nada que ver con la Orden de los Benedictinos, ni nada por el estilo, aunque cueste creerlo. Al parecer, el nombre proviene de las palabras "saco bendito", ya que esos culpables de herejía eran revesitidos por un saco de lana que previamente había sido bendecido; el parecido con el nombre del santo fundador del monacato en Occidente hizo que permaneciera ese término.

     Y es que la Inquisición, a pesar de sus atrocidades (ya hablé bastante en otro artículo acerca del tema), siempre buscaba (desde su punto de vista, claro) la redención del hereje, al contrario de los tribunales reformados (ya fueran luteranos, calvinistas, anglicanos...), que no perseguían otra cosa sino la aniquilación de toda disidencia religiosa.

 

Fuentes:

  • García Bourrellier, Rocío; La Leyenda Negra y la Inquisición. ¡Menudo sambenito!, en Muy Historia, nº. 46; 2013, G y J España Ediciones.
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18 febrero 2013 1 18 /02 /febrero /2013 21:45

          Tras la renuncia de Su Santidad Benedicto XVI al trono de Pedro, estamos a las puertas de un nuevo cónclave para elegir Papa. Como todos sabemos, el Cónclave encargado de tan magna tarea (inspirado, eso sí, por el Espíritu Santo) está formado sólo por cardenales, y más concretamente por los cardenales menores de 80 años en el momento de la renuncia del Pontífice (o de la muerte del mismo, en su caso). Anotemos, en todo caso, que este límite de los 80 años fue impuesto por Pablo VI ¿Pero por qué es éste el sistema de elección del nuevo Papa? ¿Cuál es el origen de esta práctica?

          En primer lugar, recordemos que Cristo no fijó ninguna norma para elegir a los sucesores de San Pedro. En los primeros tiempos de la Iglesia, la decisión pisiblemente recaía en el mismo Papa, que escogía a su sucesor. Tiempo después, esta práctica iría derivando hacia la elección por parte del clero y del pueblo romano, como sucedía en las demás diócesis; no podemos olvidar que el Papa es el Obispo de Roma. Por desgracia, las ingerencias políticas fueron aumentando con el paso de los siglos, así como las disputas entre diferentes sectores de dentro de la Iglesia. De este modo, en 1059, el Papa Nicolás II mandó que tan sólo los cardenales podrían elegir al nuevo Pontífice. ¿Y quiénes eran en verdad los cardenales? ¿Cuál es el origen de este cuerpo? Al parecer los cardenales eran los sacerdotes vinculados a las parroquias romanas. La palabra cardenal posiblemente proviene de la latina cardium, corazón, haciendo referencia al corazón de la Iglesia, Roma; por tanto los cardenales eran los sacerdotes romanos. Es por este motivo que aún hoy día los cardenales tienen que estar adscritos como parrócos honorarios a las diferentes parroquias de Roma. Así, mediante este sistema de elección, se siguió conservando en cierto modo la antigua costumbre por la que era el clero romano el que elegía al nuevo Obispo de Roma.

         ¿Y el concepto de Cónclave, de dónde procede? Pues significativamente, del término latino cum clavis, con llave. La historia que narra el porqué de este nombre para la reunión de los cardenales que elegirán al Santo Padre es preciosa. Cuando en 1268 Clemente IV murió, los 18 cardenales reunidos en Viterbo tardaban demasiado en elegir nuevo Papa; tanto, que el pueblo católico no tuvo jefe hasta tres años después, en 1271. El pueblo, harto de la demora, selló las puertas del palacio (cum clave, con llave) en el que se reunían los cardenales, además de racionarles la comida, e incluso privarles del techo de la sala en pleno invierno. Finalmente, las medidas surtieron efecto, y salió Papa del cónclave Gregorio X, quien escarmentado por los problemas que había vivido en Viterbo, decretó en el Segundo Concilio de Lyon celebrado en 1274, que los cardenales debían encerrarse con llave para elegir al sucesor.

 

        ¡Ahora nos toca a nosotros orar para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales electores en el momento de escoger nuevo huésped del trono petrino! ¡Cristo bendiga a Benedicto XVI, al nuevo Papa, y a la Santa Madre Iglesia que Él fundó!

 

Fuentes:

  • Bastante, Jesús; Benedicto XVI. El nuevo Papa; La Esfera de los Libros, 2005, Madrid.
  • Miret Magdalena, Enrique (prol.); Diccionario de las religiones; a-j; Espasa Calpe, 1998, Madrid.
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