Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
Entró Jesús en Jerusalén a lomos de un asno. El Rey de Israel, el Mesías prometido, encima de un humilde pollino. Evidentemente, la elección de Cristo no fue realizada al azar, sino que respondía a un doble objetivo: por una parte, mostrar el camino de la humildad a todo el pueblo; si Él, que se reconocía al mismo nivel que Dios Padre, como Hijo que era, entraba en la ciudad santa montando un asno (Mc 11, 1-11, Mt 21, 1-10, Lc 19, 28-38, Jn 12, 12-19), ¿cómo no debería ser el comportamiento de sus discípulos? El segundo motivo es una constante que aparece en toda la vida de Jesús: dar cumplimiento de la promesa profética del Antiguo Testamento. Así nos lo recuerdan el Evangelio de San Juan y el de San Mateo, que hacen referencia a la profecía del profeta Zacarías: "¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna".
Y es que ningún elemento de las Sagradas Escrituras está exento de una fuerte simbología, y de un sentido mucho más profundo que el que se nos puede presentar a primera vista. Lo mismo les ocurrió a sus discípulos, como nos cuenta justo a continuación San Juan en su Evangelio, que sólo comprendieron el hecho cuando su Maestro fue glorificado. ¿Somos conscientes los católicos de hoy día del significado de la vida de Jesús, en obras y palabras? ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!