Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
Postrema Christus. Esta sentencia la encontramos en la pared de una de las mazmorras de la Torre de Londres, donde encerraron y torturaron en el siglo XVI a muchos ingleses (entre ellos el gran Santo Tomás Moro) que permanecieron fieles a Roma, a la Iglesia Católica, y no aceptaron el cisma causado por Enrique VIII. Postrema Christus, Al final Cristo: aquellos hombres dieron su vida por su fe, pero sentían a pleno corazón que no saltaban al vacío, sino que se dirigieron a la muerte con la esperanza y la seguridad puestas en que tras el adiós a este mundo, Cristo, nuestro Redentor, está al otro lado esperándonos para compartir la vida eterna con nosotros. Postrema Christus, Al final Cristo. Este valiente testimonio nos demuestra que dichas personas no concebían la fe en Cristo fuera de la Iglesia Católica y de su fidelidad al Santo Padre; no era éste un aspecto accesorio, intrascendente, sino que tocaba al mismo mensaje de Cristo recogido en los Evangelios. No cumplían con la Palabra de Dios y no eran fieles a Cristo si rompían su unión con Roma.
¿Pero creemos verdaderamente los católicos de hoy en el Cielo? Da toda la impresión de que hemos perdido la fe en la vida eterna; sí, creemos en Dios, en su Hijo Nuestro Señor Jesucristo, y en la Acción del Espíritu Santo. ¿Pero nos compensa la promesa del Cielo ante tanto progreso terreno? Tenemos tantas cosas, tanto avance, tantos placeres mundanos... ¿seguirmos creyendo que el Cielo nos recompensará y nos dará una alegría superior a cualquier otra que los sentidos puedan regalarnos? Dios sigue siendo Dios, y por mucho que el hombre progrese, nunca podrá lograr la felicidad plena fuera de Dios, ni aún dentro de Él pero sólo con la esperanza de que esta vida nunca acabe. Aquí no podremos alcanzar nunca la plena felicidad, la cual nos espera con Cristo en el cielo; eso sí, ya hemos comenzado en La Tierra la vida eterna con la acción salvadora de Dios por medio de los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía, que nos da la presencia real de Cristo entre nosotros, en cuerpo, alma y divinidad. Pero nunca lo olvidemos: ni temamos la muerte, ni amemos tanto esta vida que nos olvidemos de lo que nos espera en la otra; y es que, como dijo aquél mártir católico del siglo XVI, Postrema Christus...
Fuentes:
Sayés, José Antonio; Escatología; Palabra, Madrid, 2006.