Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
La importancia que san Juan Bautista guarda para la historia del Cristianismo es tan evidente que no hay más que caer en un hecho esencial: la Iglesia, que nunca ha sido amiga de celebrar las natividades de los santos, sino el día de su muerte, ya que ése es el auténtico paso a la Vida, sólo incluye en su calendario tres de estas celebraciones: la Natividad de Cristo (25 de diciembre), la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre), y la Natividad de san Juan Bautista (24 de junio).
Si lo pensamos detenidamente, entre el 24 de junio, Natividad de san Juan Bautista, y la Nochebuena (del 24 al 25 de diciembre) transcurren 6 meses, el mismo tiempo que transcurrió entre la concepción de Juan el Bautista y la de Cristo (Lc 1, 23-26). Pero no es el único significado que posee el que se celebre la fiesta de san Juan ése día. Como bien se sabe, uno de los motivos (que no el único ni mucho menos, ya hablaremos de ello más detenidamente) por los que se celebra la Navidad el 25 de diciembre es porque en tiempos del Imperio Romano se celebraba ese día la fiesta del Sol Invicto, del Dios iranio Mitra, culto que disputó contra el Cristianismo en los primeros siglos de nuestra era; unos días antes ocurre el solsticio de invierno, momento a partir del cual los días comienzan a ampliarse, y las noches, al contrario, menguan. Pero existía la tradición de que algunos dioses nacían tres días después del solsticio. Por todo ello (además de por una antigua tradición judía que ya esperaba el nacimiento del Mesías para ese día), la Iglesia consideró oportuno, ya que Cristo es el auténtico Sol que nos ilumina, situar su nacimiento en dicha fecha. ¿Y qué ocurre a partir del solsticio de verano, sino que los días decrecen y las horas sin luz aumentan? ¿Y no dijo acaso Juan el Bautista que Es preciso que él crezca y que yo disminuya (Jn 3, 30)? Como vemos, el simbolismo resulta evidente. El Bautista empieza a menguar, le da el testigo al verdadero Sol Invicto, a la Luz de nuestras vidas.
¡Que san Juan Bautista, el precursor, interceda por nosotros para que seamos capaces de preparar los caminos a Cristo, de forma que su Palabra llegue a todos los rincones del mundo!