Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
Además de celebrar hoy día 26 de diciembre la fiesta de la Sagrada Familia, por ser el primer domingo después de la Navidad, también tenemos el día de San Esteban, el primer mártir del Cristianismo, y uno de los siete diáconos que los apóstoles nombraron. Aunque en algunos puntos del orbe no nos lo parezca, el día de San Esteban, 26 de diciembre, lleva siglos siendo un punto importante en el transcurso de la Navidad, sobre todo en Reino Unido y otros países de tradición inglesa, además de algún otro sitio como Cataluña (España), donde el día es fiesta. En los países de influencia británica es un día dedicado a la caridad; no olvidemos que los diáconos fueron elegidos para ocuparse del ejercicio de la caridad en la Iglesia primitiva. Ya desde la Edad Media, en el Boxing Day ("Día de la Cajas"), como ellos lo llaman, las Iglesias abrían sus cajas o cepillos para entregar el dinero a los más necesitados. Independientemente de la cristianización de fiestas y elementos paganos tales como las saturnalias (celebradas en el Imperio Romano por estas fechas, en las que también se realizaban regalos...), la Navidad es tiempo de amor, de caridad, y de paz. Como nos recordó en su día Benedicto XVI, en medio de un mundo violento, nada más y nada menos que el Creador del Mundo nace en un pesebre, lejos de todo boato, por puro amor; Dios, que es Amor, se da al hombre para enseñarle el camino a seguir, el camino de la entrega a los demás. En este contexto, el día de San Esteban adquiere un profundo sentido navideño. Ciertamente, a todos en estas épocas nos embarga un sentimiento de caridad hacia el prójimo, sobre todo hacia los más necesitados. ¿Pero nos quedamos en eso, sin extender este espíritu al resto del año? La Navidad debe ser una "recarga de nuestras pilas" de la esperanza, del amor a nuestros hermanos, en especial a los más pobres (en todos los sentidos) que debe durar el resto del año. Fíjemonos en San Francisco de Asís, tan amante de estas fiestas, y que dedicó su vida a entregarse a los demás ¡Que la contemplación del Niño Dios en el pesebre nos impregne de su infinito amor!