Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
Los Santos Inocentes fueron los niños menores de dos años de Belén que, según nos cuenta el Evangelio de Mateo, mandó matar Herodes el Grande cuando escuchó de boca de los magos que el objetivo de su viaje era la búsqueda del rey de los judíos que había nacido. Tras verse traicionados por éstos, que no cumplieron la petición de Herodes, y volvieron a su tierra sin pasar por Jerusalén, el tirano montó en cólera, y mandó realizar la matanza en la aldea en que había nacido Cristo.
Hay quien desmiente la historicidad de este acontecimiento. La verdad sea dicha, sólo el Evangelio de Mateo nos ha legado el dato; el historiador judío Flavio Josefo no hace referencia al hecho, pero no es menos cierto, como nos dice Vicente Balaguer, profesor de la Facultad de Teología en la Universidad de Navarra, que Belén era una población pequeña, por lo que la "fama" de la matanza tal vez no cruzó apenas las fronteras de aquella diminuta localidad; además, como muy bien apunta el mismo autor, tan bárbaro acto encaja perfectamente con otras "animaladas" cometidas por Herdoes, en este caso sí descritas por Josefo. De la misma opinión es Benedicto XVI, quien nos recuerda que Herodes el Tetrarca había matado a tres hijos suyos, por miedo a perder el poder: Alejandro, Aristóbulo y Antípater.
Por otro lado, debemos señalar, aludiendo al trabajo de Benedicto XVI, La Infancia de Jesús, que otros autores dudan de la veracidad del relato de Mateo acerca de la matanza de los inocentes, porque creen que la narración es una especie de esquema ya formado en aquél entonces, que vendría a tratar el tema del "niño regio perseguido", aplicado por ejemplo a Moisés. Pero el Santo Padre no ve nada clara esta teoría, ya que el documento que más similitudes aguarda con el relato de Mateo, y el más cercano en el tiempo, la haggadah de Moisés de Flavio Josefo, es posiblemente posterior al Evangelio de Mateo (aunque eso sí, recoge tradiciones anteriores). Además, incide el Papa, a pesar de sus semejanzas con los pasajes del Evangelio (recordemos que la haggadah transmitida por Josefo habla de un Moisés que, a diferencia de lo que cuenta la Biblia, habría sufrido la persecución por ser avisado el Faraón de parte de los expertos en las Sagradas Escrituras acerca de que a los judíos debía nacerles un rey que acabaría con el Imperio Egipcio, por lo que aquél mandó matar a todos los recién nacidos del pueblo elegido, siendo alertado el padre de Moisés en sueños por Dios), las diferencias son notables.
¿Y qué sentido tiene hoy día esta fiesta, fuera del recordatorio de aquella barbarie? Pues en primer lugar, ver cómo nadie puede torcer los planes de Dios, que no permitió que nada le pasara a nuestro Salvador. Y por otro lado, el recordar a todos los que, inocentemente, han perdido su vida a lo largo de la Historia, sin ni siquiera tener la oportunidad de mostrar su fidelidad al Señor. ¿Acaso la lacra del aborto no constituye en nuestros días una matanza de inocentes tan cruel como la que llevó a cabo Herodes?: personas indefensas y carentes de culpa a las que ni tan sólo se les ha dado la oportunidad de salir del seno materno, pero que ya antes de nacer son infinitamente amadas por Dios. No pudimos salvar a los Santo Inocentes de Belén, pero sí podemos hacer mucho por salvar a los nuevos santos inocentes, a tantos niños que son asesinados cruelmente, incluso torturados y esclavizados en este tiempo que nos ha tocado vivir. ¡Honor a los Santos Inocentes!
Fuentes: