Blog católico acerca de la Historia del Cristianismo, en relación con temas actuales.
A petición de nuestro gran amigo Emilio, que tanto está participando en el blog, voy a incidir en el famoso principio de la "Sola Scriptura", tan defendido por los reformadores protestantes. Como ya vimos en otros posts anteriores, los padres de la Reforma protestante pensaban que el seguimiento de las Sagradas Escrituras debía hacerse sin mediación de la jerarquía eclesiástica, de forma personal, y olvidando a su vez la tradición de los Padres y el Magisterio de la Iglesia Católica. Aquellos hombres que rompieron con la Santa Madre Iglesia creían que había que eliminar de la interpretación bíbilica todo rastro filosófico, tal y como explicó brillantemente Benedicto XVI en su famosa y ¡polemíca! conferencia de la Universidad Ratisbona. Como bien sabemos, ya desde los tiempos helenísticos de la Biblia de los 70, y en los últimos siglos de la Antigüedad, con la prolongación que al respecto constituyó la Edad Medía, se produjo una fuerte colaboración entre fe y cultura (éste es uno de los auténticos logros del Cristianismo), más concretamente entre fe cristiana -con antecedentes claros en el Judaísmo- y filosofía clásica, griega y romana. ¡Qué decir de figuras como San Pablo, San Justino, San Basilio, San Agustín, San Anselmo de Canterbury, San Buenaventura, o el gran Santo Tomá de Aquino! Estos autores, aún teniendo presente siempre la primacía de la fe, reconocían la importancia de la razón en el camino que lleva hacia Dios mismo, y para explicar toda esta unión, se sirvieron de los postulados filosóficos de los autores griegos y romanos, sobre todo Platón y Aristóteles.
Pero Lutero era de la opinión de que esta unión había sido de todo menos favorable. Había que "liberar" a la Palabra de Dios de toda influencia ejercida por el pensamiento filosófico; había que escucharla sin una participación activa de la razón. Más aún, Lutero tenía un concepto muy negativo acerca de la razón humana; creía que al igual que el resto del hombre, aquélla estaba también corrompida, por lo que la unión entre fe y razón era completamente desaconsejable. Esta visión tan pesimista del hombre y de su razón que defendieron los reformadores protestantes fue una de las causas que abrieron un tajo amplísimo entre fe y razón, división que ya había comenzado aproximadamente en el siglo XIV, con la escuela filosófica del Nominalismo (Guillermo Ockham fue su principal exponente) o con autores tales como el beato Duns Escoto.
Mientras, los católicos seguimos creyendo en aquel entonces, y también hoy día, que la razón es obra creada por Dios, y que su participación y colaboración con la fe es esencial para alcanzar la Verdad auténtica, la Verdad con mayúscula, Dios. Y seguimos creyendo, como bien demuestran los Evangelios, que Cristo dio a la Iglesia por Él fundada la potestad de interpretar la acción reveladora de Dios, que por otra parte no acababa con las Sagradas Escrituras, sino que sería afianzada por el Espíritu Santo.
¡Espero haberme explicado, dentro de mi torpeza, de forma relativamente clara!
¡Muchas gracias de nuevo por tu colaboración, Emilio; que Dios te bendiga!