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3 enero 2013 4 03 /01 /enero /2013 00:02

         En Siria existe una peculiar leyenda, que nos es relatada de nuevo por José Manuel Burgueño. Cuentan que el camello más joven de la comitiva de los Reyes Magos camino a Belén no podía seguir el ritmo de sus compañeros; a pesar de eso, decidió continuar afanosamente, para poder adorar al Niño Jesús. Cuando, aunque con retraso, finalmente llegó a Belén, el Hijo de Dios se lo agradeció bendiciéndolo y otorgándole la inmortalidad para que pudiera entregar regalos a los niños año tras año. El reparto de este singular personaje de la Navidad siria lo realizaría el mismo día  6 de enero.

 

Fuentes:

  • Burgueño, José Manuel; El Libro de la Navidad; Luna Books, 2008.
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30 diciembre 2012 7 30 /12 /diciembre /2012 02:30

           Como ya he explicado en algún artículo anterior, siempre me llama la atención la acertada actitud integradora de la Iglesia Católica hacia las costumbres y tradiciones de los pueblos que ha ido evangelizando a lo largo de más de 2000 años. Cierto que no siempre fue así, ya que podemos rastrear ejemplos en la Historia que hablan de una visión menos respetuosa. Esto no se puede negar; pero tampoco que en la mayoría de las ocasiones la Iglesia supo ver lo bueno que había en las culturas que iba encontrándose en su acción misionera: así ocurrió con la filosofía greco-latina, con la mitología nórdico-germánica, o las tradiciones precolombinas. Se podrían citar tantos y tantos ejemplos... pese a quien le pese. La verdad histórica es esa: la Iglesia siempre defendió (y defiende) que Dios dejó en el corazón de los hombres el anhelo de buscarlo, por lo que cualquier cultura, aunque de manera incompleta ya que no conocían la Revelación, podía contener elementos parciales de la Verdad plena.

           Traigo de nuevo a colación este perenne tema de la relación entre la fe y una razón que también, aunque de forma incompleta, puede buscar a Dios, porque vamos a hablar hoy de la leyenda italiana acerca de la Bruja Befana, repartidora de regalos la noche del 5 al 6 de enero, y que parece que es una cristianización de otra tradición pagana anterior. Cuentan que cuando los Reyes Magos se dirigían a Belén a adorar al Niño Jesús, se encontraron con la Bruja Befana, que barría su casa. Sus Majestades de Oriente la invitaron a venir con ellos, pero ella rechazó la oferta, diciéndoles que tenía mucho trabajo. Arrepentida luego, no pudo alcanzarlos, y en compensación, parte todos los años en su escoba hacia Belén para adorar al Mesías, dejando por el camino muchos regalos a los niños que se encuentra. Hay que destacar como dato curioso que esta leyenda es anterior a la de San Nicolás como repartidor de regalos, la cual no encontramos hasta los finales de la Edad Media aproximadamente. 

            Esta entrañable leyenda es típica de Italia, donde suele ser Befana (notar que Befana proviene de Epifanía), al menos en determinadas zonas, la que obsequia a los niños la noche de Reyes. 

 

Fuentes: 

Burgueño, José Manuel; El Libro de la Navidad: Luna Books, 2008.

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27 diciembre 2012 4 27 /12 /diciembre /2012 15:24

        El 27 de diciembre la Iglesia Católica celebra la festividad de San Juan Apóstol y Evangelista, el discípulo amado de Jesús. Ya vimos cómo el día de Santa Lucía (13 de diciembre) o el de San Esteban (26 de diciembre) o San Silvestre (31 de diciembre) poseían un fuerte significado navideño (ver los artículos correspondientes). ¿Pero tiene algún sentido celebrar en estas fechas tan señaladas la fiesta de San Juan Evangelista, a parte de la importancia propia que presenta tan magno personaje? Pues por supuesto que sí; pocas veces da la Iglesia puntada sin hilo.

      El Apóstol San Juan, autor del Evangelio que lleva su nombre (al menos como padre de la llamada escuela jóanica, si no como redactor directo), fue el que de forma más bella expresó el misterio de la Encarnación, del Dios hecho hombre: 

 

 

Al principio existía la Palabra, 
y la Palabra estaba junto a Dios, 
y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra 
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. 

 

Vino a los suyos, 

y los suyos no la recibieron.


Y la Palabra se hizo carne 

y habitó entre nosotros. 
Y nosotros hemos visto su gloria, 
la gloria que recibe del Padre como Hijo único, 
lleno de gracia y de verdad.

(Jn 1, 1-3, 11, 14).

 

        Leyendo estos pasajes del primer capítulo del Evangelio de San Juan podemos comprender perfectamente porqué en estas fechas Navideñas, cuando la Iglesia celebra el Nacimiento del Salvador, encontramos también la fiesta de San Juan Evangelista. En un misal de 1954 (aunque en su 6ª edición de 1962), preparado por el Padre Luis Ribera, C.M.F., leemos lo siguiente al llegar al 27 de diciembre:

 

        San Juan Evangelista es el Apóstol que más nos habla de la Divinidad de Jesús. Basta leer su Evangelio y se verá que, aun contando la vida y doctrina del Señor, toma un camino muy diferente de los otros Evangelistas. Manifestándose en estos días el Hijo de Dios a los hombres, no podía faltar, junto a las fiestas de Navidad, la fiesta de quien tan altamente nos habló de Dios hecho Hombre.

 

¡Bendito sea Cristo, el Hijo de Dios hecho uno de los nuestros, nacido del seno virginal de María Santísima! ¡Bendito sea en sus santos! ¡San Juan Evangelista, el discípulo amado, interceda por los hombres!

 

 

 

 

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26 diciembre 2012 3 26 /12 /diciembre /2012 15:52

    Otra bella tradición relacionada con la Nochebuena, esta vez más concretamente con la Misa del Gallo. Nos cuenta Burgueño, un clásico ya en esta sección del blog acerca de las costumbres navideñas, que en Malta es un niño, previo ensallo de la mano de adultos, evidentemente, quien en la Misa del Gallo da la homilía a los feligreses. 

   Me encanta la variedad de tradiciones que existe en la Cristiandad en torno a la Navidad...

   ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo queridos lectores!

 

Fuentes:

Burgueño, José Manuel; El libro de la Navidad; Luna Books, 2008.

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23 diciembre 2012 7 23 /12 /diciembre /2012 02:23

       La Cristiandad está llena de tradiciones entrañables en torno a las fiestas navideñas: en cada país, región, ciudad o incluso pueblo existe una leyenda o práctica que hunde sus raíces años y a veces siglos y siglos atrás. Hoy volveremos la mirada a una costumbre de la Nochebuena polaca que proviene del siglo XIX. En la cena familiar de tan señalada fiesta, se parte la oplatki, u oblea de la paz, y es repartida entre los comensales, a veces por parte del padre de familia. Para que todos nos entendamos, es una pan muy finito, como el que se consagra en la Santa Eucaristía. La tradición proviene de cuando muchos ciudadanos polacos estuvieron presos en Siberia, en poder de los rusos como consecuencia de las revoluciones de los años 1830 y 1863; adquirieron entonces la costumbre de enviar a sus familias residentes en Polonia un pan muy económico elaborado por ellos mismos. 

        Y es que el pueblo polaco ha sabido preservar sus tradiciones cristianas a pesar de las fuertes persecuiones que ha sufrido a lo largo de la Historia... Cristo conceda a nuestra patria una fe tan férrea como la suya, y nos dé la gracia de seguir el ejemplo polaco para no avergonzarnos de nuestras raíces.

Fuentes:

Burgueño, José Manuel; El libro de la Navidad; Luna Books, 2008.

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10 diciembre 2012 1 10 /12 /diciembre /2012 01:12

        Leyendo un artículo escrito por Xabier Pikaza en el último número de la revista Muy Historia, dedicado a la Biblia en su totalidad, vi que el arquólogo y profesor de la Universidad Complutense colocaba el nacimiento de Jesús en Nazaret. Por desgracia, esta opinión ha estado bastante extendida en los últimos años de exégesis bíblica. 

       ¿Nació verdaderamente Jesús en Belén, o por el contrario, estos autores que defienden Nazaret como ciudad natal de Cristo llevan razón? Dichos exegetas basan la teoría de Nazaret como lugar de nacimiento de Jesús en que en los Evangelios siempre se aduce a Él como procedente de aquella localidad galilea. Es curioso ver cómo leen de los Evangelios lo que únicamente les interesa; porque ya puestos a tomarse tan en serio las Sagradas Escrituras, ¿por qué no hacer caso a las dos únicas referencias precisas de su nacimiento -tanto en la Biblia como en cualquier otro documento de la época-, sitas en los relatos de la infancia de Mateo y Lucas, y que colocan sin dudar el parto de María en Balén? La respuesta de dichos investigadores es sorprendente: Mateo y Lucas situán el nacimiento de Cristo en Belén para no desmentir la profecía judía de que el Mesías nacería en la pequeña ciudad de Judá: Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel (...) -Mi 5, 1-3-. El asunto es impresionante. Como se dice en los Evangelios que Jesús era de Nazaret, da igual que los únicos testimonios implícitos que hablan del lugar de nacimiento de Cristo señalen a Belén. Esto sería una construcción de los autores neotestamentarios para hacer válida la profecía; ni siquiera se plantean la posibilidad más factible y que la Iglesia siempre ha considerado como real: que Jesús nació en Belén, pero creció en Nazaret. En resumen: da igual lo que digan las fuentes; sólo tenemos dos, pero éstas mienten. La verdad es que este proceder no habla muy bien de los métodos de investigación histórica de los susodichos exegetas bíblicos.

         Estos autores basan también su teoría en que el gran historiador judío, Flavio Josefo, situó el famoso censo decretado por el Emperador Augusto en el año 6 d. C., en tiempos del gobernador Cirino, quien según los mismos autores, sólo actuó politicamente en la zona siro-palestina en aquél entonces. Pero a estos datos hay mucho que objetar. Benedicto XVI trata el tema de forma brillante en su recientemente publicado La infancia de Jesús, y nos señala que dicha afirmación no es segura, ya que hay indicios de que Cirino ya había ejercido en Siria en el 9 a. C. Si tenemos en cuenta que Jesús nació probablemente en los años 7-6 a.C. (o a lo más tardar el 4 a.C., ya que sabemos que ese año estaba muerto Herodes el Grande, y conocemos que estaba vivo cuando María dio a luz), debido al error cometido por Dionisio el Exiguo, monje del siglo VI que se encargó de fijar la fecha del nacimiento de Dios, vemos que las dataciones encajan perfectamente.

          También se apoyan los exegetas ya mencionados en la teoría de que tal censo no necesitaría que cada cabeza de familia tuviera que viajar a la localidad de su estirpe. Pero de nuevo Ratzinger matiza inteligentemente esta cuestión, señalando que sabemos por otras fuentes que cada cual tenía que acudir al lugar en el que poseyera tierras. Siendo los antepasados de José originarios de Belén de Judea, sería lógico que mantuviera allí alguna posesión. Otros investigadores, entre ellos Alois Stöger, indican, con bastantes visos de ser realidad, que un censo de tales características -evidentemente con fines recaudatorios- necesitaría varios años para realizarse completamente; más concretamente, se llevaría a cabo en dos etapas: una primera consistiría en registrar todas las tierras y bienen inmuebles, y la segunda, en calcular el montante exacto de la tasa a pagar. La primera fase podría corresponder al nacimiento de Jesús en Belén, al tener que ir José allí para registrar sus propiedades, y la segunda, cuadraría completamente con la fecha que da Flavio Josefo para el censo de Augusto, año 6 d.C.

      Por otro lado, el Santo Padre, con el análisis bíblico tan perspicaz que le caracteriza, señala otro interesantísimo punto: los relatos de la Infancia de Lucas y Mateo muestran tradiciones diferentes. Mateo narra que José pensó en un primer momento volver a Judea tras el exilio de Egipto, y que sólo la noticia de que allí reinaba un hijo de Herodes, Arquelao, le hizo desistir y decidir ir a Galilea; de aquí se desprende claramente que Mateo desconocía que el matrimonio de José y María provenía de Nazaret (Mt 2, 19-23), A su vez, Lucas expone cómo José pensó tras todos los hechos concernientes al nacimiento de Jesús que debían regresar a Nazaret (Lc 2, 39). El que los dos Evangelios de la Infancia hablen de Belén como tierra natal del Mesías, presentando como fuentes tradiciones distintas, da bastante verosimilitud a la teoría tradicional.

            Hay un pasaje controvertido en el Evangelio de San Juan que resulta obligado comentar aquí. Leemos en en el capítulo 7, del versículo 40 al 44:

 Muchos entre la gente, que le habían oído estas palabras, decían: "Este es verdaderamente el profeta". Otros decían: "Este es el Cristo". Pero otros replicaban: "¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?" Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano.

        Algunos exegetas han usado este texto como prueba de que Jesús era oriundo de Nazaret. Pero esta interpretación del pasaje deja de lado una de las principales características del Evangelio de San Juan, que es la del malentendido y la ironía, usados por el autor de la obra para insistir en lo contrario de lo en primera instancia se dice. Por ejemplo: en el capítulo 4, versículos del 9 al 14, leemos lo siguiente en el marco de la conversación entre Cristo y la samaritana: 

"¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió:

"Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva". 

Le dice la mujer: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?"

Jesús le respondió: 

"Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna"

           La samaritana le pregunta al Señor si Él es más que el patriarca Jacob; evidentemente, todos los lectores del Evangelio joánico saben que Cristo es Dios, y por tanto mayor que todos los patriarcas y profetas. Con esta pregunta de la mujer de Samaria, San Juan quiere incidir en el carácter único, divino, de Jesús. Por tanto, todo indica que éste debe ser el modo en que debemos interpretar el pasaje acerca del origen de Jesús: mediante la ironía, el discípulo amado, Juan, quiere resaltar algo que todos sus lectores sabían: que Jesús había nacido en Belén, tal y como le correspondía al Mesías que Dios había prometido. 

          En último término, hay que recordar otro dato que afianza la teoría de Belén como ciudad que vio nacer al Salvador, y que nos recuerda José Manuel Burgueño. En un fecha tan temprana como el siglo IV se construyó en Belén la Basílica de la Natividad donde se creía que había nacido Jesús, lo que demuestra que la tradición estaba ya asentada desde muy antiguo.

             Vamos a ser claros: yo no dudo que muchos de los teólogos e historiadores que defienden a Nazaret como lugar de nacimiento de Jesús lo hagan de forma honesta -a pesar de que como ya hemos visto, su posición es difícil de sostener con los datos en la mano-; pero tampoco me cabe la menor duda de que detrás de estos trabajos hay un intento por hacernos ver a los cristianos -y más concretamente a los católicos- que nuestra fe está basada fundamentalmente en mitos y leyendas. A esto debemos contestar siempre con la misma respuesta: sí, los Evangelios transmiten una verdad de fe, teológica; pero una verdad de fe que radica en que Cristo, el Logos, la Palabra Eterna y Creadora, ha entrado en nuestra Historia encarnándose en la Virgen María. Su nacimiento es un hecho histórico, real como cualquier otro. Por ello, no hay que dudar de lo que dicen tanto Mateo como Lucas; la defensa de la verdad teológica nunca hubiera permitido a la conciencia de los evangelistas mentir sobre un acontecimiento histórico.

          ¡Cristo, que nació hace más de 2000 años en Belén de Judea, nazca cada día en nuestros corazones! 

 

 

Fuentes:

  • Burgueño, José Manuel; El Libro de la Navidad; Luna Books, 2008.
  • Pikaza, Xabier; La Biblia y los inicios del Cristianismo. Jesús, entre el culto y la Historia, en Muy Historia, número 44, 2012; G y J España Ediciones.   
  • Ratzinger, Joseph. Benedicto XVI; La Infancia de Jesús; Planeta, Barcelona, 2012.

 

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4 diciembre 2012 2 04 /12 /diciembre /2012 21:22

     ¿Es el muñeco de nieve un adorno navideño? ¿Qué significado tiene? No he encontrado una información sistemática acerca de este asunto, por lo que he tenido que investigar un tanto el tema.

      No puedo asegurarlo, pero me atrevería a decir que el muñeco de nieve no tiene un sentido navideño específico. Más bien es una costumbre invernal. Hay que pensar que cuando se celebra la Navidad, la mitad del mundo está viviendo el verano (Hemisferio Sur), por lo que resultaría imposible para ellos realizar estos muñecos de nieve. Pero bueno; consideremos la posibilidad de que estemos ante una costumbre navideña de los países del Hemisferio Norte, entre los que a fin de cuentas se encuentra la Cristiandad más antigua. En este sentido, no se puede negar que el muñeco de nieve es usado como adorno y símbolo de la Navidad; no hay más que echar un vistazo a la iconografía que esta fiesta va generando año tras año, o a las costumbres de los pueblos que conviven con nevadas en estas fechas tan señaladas. Dicho esto, tengo que indicar que si bien la utilización del muñeco de nieve en Navidad como elemento típico es claro, no lo es menos que aquél no se circunscribe únicamente a ésta época del año. Documentándome para la realización del artículo, me encontré con un cuento de Hans Christian Andersen, bastante interesante (pero con un aire de melancolía excesivo), que narra la atracción que experimenta un muñeco de nieve hacia la estufa del interior de la casa; finalmente, llega el calor, y el muñeco de nieve se derrite, quedando al descubierto el atizador que sirvió a los niños para construir el muñeco, y motivo de sus anhelos hacia la estufa. Pero bueno, dejando un poco de lado el argumento del cuento, vemos que éste parece indicar una fecha aún dentro del invierno, pero ya no navideña, porque la primavera queda cerca. Leamos el final de la narración, ello bastará:

Y, efectivamente, así fue. Comenzó el deshielo.

El deshielo aumentaba, y el hombre de nieve decrecía. No decía nada ni se quejaba, y éste es el más elocuente síntoma de que se acerca el fin.

Una mañana se desplomó. En su lugar quedó un objeto parecido a un palo de escoba. Era lo que había servido de núcleo a los niños para construir el muñeco.

-Ahora comprendo su anhelo -dijo el perro mastín-. El hombre tenía un atizador en el cuerpo. De ahí venía su inquietud. Ahora la ha superado. ¡Fuera, fuera!

Y poco después quedó también superado el invierno.

-¡Fuera, fuera! -ladraba el perro; pero las chiquillas, en el patio, cantaban:

Brota, asperilla, flor mensajera;
cuelga, sauce, tus lanosos mitones;
cuclillo, alondra, envíennos canciones;
febrero, viene ya la primavera.
Cantaré con ustedes
y todos se unirán al jubiloso coro.
¡Baja ya de tu cielo, oh, sol de oro!
¡Quién se acuerda hoy del hombre de nieve!

    Y no podemos olvidar que Andersen fue un escritor danés que vivió en el siglo XIX, por lo que viene de largo el uso del muñeco de nieve en épocas no navideñas... 
    Pero qué duda cabe que es un buen divertimento para los niños que viven una Navidad bajo mantos de nieve, siempre y cuando no se olviden los signos y elementos navideños con un significado cristiano transparente... ¡Feliz Adviento!

    

 

 

 

 

 

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2 diciembre 2012 7 02 /12 /diciembre /2012 01:23

       ¡Ya comienza el Adviento! Tiempo de preparación interior de cara a la cercana Navidad. En estos cuatro domingos previos al Nacimiento de Cristo la Iglesia va anunciando la esperanza que el Pueblo de Dios mantiene ante la inminente venida de Nuestro Señor, que no por haber ocurrido una vez en la Historia, ha perdido actualidad, y anuncia también la segunda llegada de Cristo al final de todos los tiempos, cuando se producirá la culminación de su plan de salvación.

       Ya hemos hablado en otros posts anteriores acerca de varias tradiciones entrañables típicas del período litúrgico del Adviento: peregrinaciones marianas, las Posadas mexicanas... Hoy vamos a traer a colación otra de estas maravillosas costumbres que pueblan por doquier los pueblos cristianos: el calendario de Adviento. Como todos sabemos, ya que los encontramos hasta en las más famosas cadenas de supermercados, se trata de un cartoncito que a través de 25 ventanas que presenta, sirve para realizar la cuenta atrás antes de la Navidad. Empieza por el 1 de diciembre, y continúa así hasta la venida del Niño Jesús. Día a día, se van abriendo esas ventanitas, y se descubre una pequeña chocolatina u otro dulce. Dice el autor José Manuel Burgueño que estamos ante una herramienta didáctica para enseñar a los niños que la espera fiel del Nacimiento de Cristo conlleva siempre una recompensa. A esto hay que sumar que el cartón suele representar una escena navideña, bien por delante, o detrás de cada ventana. Incluso en algunos países escandinavos -protestantes-, hay calendarios de Adviento especialmente preparados para adultos, en los que detrás de cada ventana surge un versículo bíblico, adecuado para realizar una oración ese día.

       Esta tradición la encontramos tanto en países protestantes (naciones nórdicas...) como en estados católicos, y al parecer, siguiendo el trabajo de Burgueño, la editorial europea que primero se especializó en esta clase de calendarios fue la alemana Richard Sellmer.

Fuentes:

Burgueño, José Manuel; El libro de la Navidad; Luna Books, 2008.

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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 14:36

       Como decíamos el año pasado con motivo de esta fiesta tan arraigada en el Cristianismo, el Bautismo de Jesucristo era celebrado en un principio el mismo día 6 de enero, junto a la Adoración de los Reyes, a las Bodas de Canáa y a la Navidad. Pero he aquí que una rama de la herejía gnóstica, el Docetismo (-a partir del siglo II d.C., proveniente de la palabra griega dokeo, que vendría a significar aparecer o parecer- que como todos sabemos no veía con buenos ojos la Encarnación, ni creía que Jesucristo, auténtico Dios, pudiera sufrir como nosotros, negando por tanto su verdadera humanidad) en una de sus facciones pensaba que la divinidad en el cuerpo humano de Jesús sólo llegó con el Bautismo en el Jordán a manos de Juan. Por ello, en el siglo IV, la Iglesia creyó conveniente llevar la celebración de la Navidad a otro día, más concretamente al 25 de diciembre; quería la Madre Iglesia de forma sabia reincidir en la divinidad de Jesús desde el momento de su Concepción y Nacimiento: Él mismo era portador del Espíritu desde siempre. Más tarde, el mismo Bautismo se llevó en el calendario a una localización posterior al 6 de enero; estuvo localizado en el último día de la octava de la Epifanía, y posteriormente, ya en el 69, pasó a celebrarse en el domingo siguiente a Reyes -Epifanía-, situación que se mantiene hoy día, marcando el final del período litúrgico de la Navidad.

      Ya hablamos el año anterior del significado teológico que se nos manifiesta a través del Bautismo de Nuestro Señor. ¡Que Cristo nos conceda comprender su misterio de redención, su inmersión en las aguas para cargar con el pecado del ser humano, y su emersión que nos indica el nuevo hombre en el que todos debemos convertirnos, bajo la gracia de Dios y la acción del Espíritu Santo! No necesitaba el Bautismo, y a pesar de ello, quiso simbolizar nuestra muerte al pecado de esa manera tan desbordante de humildad. ¡Cómo gustó al Padre aquél gesto! Lo consideró el momento perfecto para indicar a los hombres que Él era el Ungido, el Mesías, el Cristo, que sobre su Primogénito descansaba el Espíritu Santo (Mt 3, 13-17). ¡Venga sobre nosotros también el Espíritu de Dios!

 

Fuentes:

Bernabé Ubieta, Carmen; El Evangelio de Pedro; en Tragán, Pius-Ramón (ed.); Los evangelios apócrifos. Origen-Carácter-Valor. Actas de las V Jornadas Universitarias de Cultura Humanista en Montserrat. 23-24 de marzo de 2007.; Verbo Divino, Estella (Navarra), 2008.

Burgueño, José Manuel; El libro de la Navidad; Luna Books [sin lugar de edición], 2008.

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3 enero 2012 2 03 /01 /enero /2012 20:08

      El año pasado, de cara a la Epifanía del Señor, hablamos del posible origen persa-zoroástrico de los Reyes Magos, así como algunos aspectos teológicos que se deducen de los breves versículos que de ellos hablan en el Evangelio de Mateo (2, 1-12).

      José Manuel Burgueño, en su fantástico Libro de la Navidad, nos relata cómo se produjo en España el nacimiento de esta entrañable costumbre, que hace las delicias de niños... y mayores.

      Nos cuenta el autor que cuando a mitad del siglo XIX los Reyes Magos empezaron a regalar no sólo ropa, sino también juguetes, la espectación ante la llegada de Sus Majestades creció de manera exponencial, y se adquirió la costumbre de salir a la calle el día 5 de enero por la tarde a la espera de que Melchor, Gaspar y Baltasar hicieran acto de presencia. Así, las ciudades no tardaron en preparar auténticos cortejos, cabalgatas, para escenificar la llegada de los Reyes Magos a las diferentes localidades. Parece que la primera cabalgata que se celebró en nuestro país fue la de Alcoy, en 1885; otra que posee una gran solera es la de Granada, la cual la encontramos ya en 1912. En cuanto a la cabalgata de Madrid, se viene celebrando desde principios del siglo XX, y sólo se vio interrumpida por la fatídica Guerra Civil.

       Es impresionante ver cómo viven los niños estas "procesiones"; la ilusión rebosa las calles, ¡al igual que los caramelos que van lanzando desde los diferentes coches y carrozas! Ya dijo Cristo que debíamos ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos... Creo sinceramente que estamos ante un instrumento evangelizador de primer orden, por la repercusión que tiene la fiesta de la Epifanía entre los niños españoles y de muchos países de Hispanoamérica. Lamentablemente, observamos cómo hoy día se van colando en las cabalgatas muchos elementos que nada tienen que ver con la Navidad; es nuestra tarea velar por la pureza de estas genuinas tradiciones cristianas, para preservar así su valor pastoral.

       ¡Ya vienen los Reyes! Que ellos intercedan por el pueblo cristiano para que aprenda a reconocer la estrella que guía hacia la verdadera Luz de este mundo.

 

      Nota: me permito el lujo de dejaros el enlace de un vídeo que nos muestra cómo es la cabalgata de Alcoy, la más antigua de España:

http://www.youtube.com/watch?v=PIMTkmORxnA

 

Fuentes:

Burgueño, José Manuel; El libro de la Navidad; Luna Books [sin lugar de edición], 2008.

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